Yo soy de la idea que uno mismo, como parte de su propia autoestima, debe darse cuenta de cuándo es bienvenido en un lugar o en general en cualquier situación. Es probable también que por esa propia autoestima –un poco sobrevalorada- uno crea que siempre es bienvenido o que debería y podría estar en todos lados impunemente.
Hace algún tiempo conocí a Gracia que, desde el arranque –como dicen en el argot futbolero-, me dejó en claro que si bien estaba sin enamorado, se encontraba perfectamente bien sola y no quería nada con nadie en particular, que todos le parecían unos idiotas y que lo único que la tenía ocupada sería su trabajo y terminar la maestría que había empezado hace un año. En fin.
Con Gracia nos unía, aparte de las esporádicas y algunas veces entretenidas charlas por el messenger, uno que otro amigo de la Universidad en la que llevamos sólo algunos cursos –ambos teníamos carreras muy diferentes-. No sé por qué nunca llegamos a ser muy amigos, la verdad, pero creo que ninguno se preocupaba por eso al final de cuentas. Ahora… ¿a qué viene todo ello?
Hace poco asistí al matrimonio de José Luis, un viejo pata de la universidad al que volví a encontrar trabajando en un cliente al cual la empresa donde representaba brindaba servicios. El pobrecito -al cual noté bastante cambiado según lo recordaba en nuestras épocas de estudiante- me dijo que ésta sería una especie de reencuentro, por tratarse de una situación especial y que era su deseo que vayamos la mayor cantidad de patas de aquella época.
Por lo general a los matrimonios suelo ir sólo, es que creo que si voy con alguien ella debería tener cierto grado de importancia como para exhibirla en un evento como esos además de hacer los méritos suficientes; aunque ello al final no me preocupe en absoluto. Cuando llegué a la recepción –en la misa me puse al final y no me reparé en la presencia de nadie en particular- me dijeron que me iba a la mesa de amigos de la universidad, así que al menos –pensé- vería a gente que conocía.
En la mesa a la que llegué se encontraban algunos conocidos ya casados y sólo habíamos 4 solteros, Paúl, Cintia, Gracia y yo. A Gracia ya la conocía y fue la primera que me entabló conversación; sin embargo, a la única persona que había visto realmente en aquella mesa fue a Cintia. Dios, qué ojos, qué cabellos, qué todo!!! Calzaba con todos mis paradigmas y requisitos, aunque aún no había hablado con ella –decirle Hola, no es hacerle el habla, propiamente hablando, no?- porque Gracia me cazó en una.
A Paúl se le veía interesado en una chica de otra mesa, él estaba sentado junto a Gracia y Cintia estaba junto a una de las 2 parejas de esposos que nos acompañaba, se le notaba algo incómoda mirando a todos lados. Yo estaba sentado en medio de Gracia y Cintia, qué mejor oportunidad! -me dije. Como les dije, Gracia en una me hizo la conversa, comentándome que tenía pensado asistir al matri con su enamorado pero que hace unos días terminaron porque él es un pobre idiota, que casi no venía pero que por el cariño que le tiene a José Luis accedió y que aquella noche estaba dispuesta a olvidar completamente al idiota ese.
La verdad, poco me interesaba lo que me estaba contando Grace –puesto que ya me lo había adelantado por chat hace unos días, pero creo que no se había percatado de ello- y veía en cada una de sus pausas, la oportunidad de oro para buscarle conversación a Cintia. Entre esas pausas, me pude enterar que Cintia era Diseñadora Gráfica y locutora de radio –a eso se debía la preciosa voz y elocuencia que mostraba en nuestra conversa. Gracia, por otro lado, nos interrumpía a cada rato para contarme –nuevamente- sus desventuras con todos y cada uno de los idiotas que estuvieron con ella.
Ya era casi la medianoche y empezó la música por fin, era sin lugar a dudas una oportunidad que no pensaba dejar pasar para conocer un poco más a Cintia. Ni bien me volteé para sacarla a bailar, Gracia me agarró muy fuerte la mano, hasta el punto que no podía soltarme, y me dijo sin vacilar: ven, esta noche vas a ser mío. Dios, qué miedo sentí en aquel momento! En algunas de nuestras conversaciones por chat, Gracia se jugaba de esa manera, con frases como: “siempre fuiste mi novio sin serlo”, “te quiero más que un hermano pero no tanto como para estar contigo” o pegando en el messenger fragmentos de canciones de amor dirigidos a quien, a mi? Sin embargo yo nunca le presté importancia alguna, para mi, ello era parte del juego, aunque con ninguna respuesta de mi parte… Pero lo que estaba haciendo aquella noche iba más allá de todo consentimiento que pudiera darle: Me estaba cagando el plan con Cintia!
Cuando salí a bailar con Gracia, le dije de muy buena gana que estaba conversando con Cintia y que no me parecía la idea de dejarla a medio invitar a bailar. Me dijo que no era su problema y que no me enoje que sólo era un bailecito. Pero el hoy serás mío??? –le pregunté-, a lo que contestó que se trataba sólo de una broma de patas. Al bendito Dj no se le ocurrió mejor idea que poner toda su mezcla de cumbias, salsas y reggaetón de un sólo porrazo. Te cagaste –me decía Gracia cuando entraba una nueva canción en la mezcla- porque esta me gusta un montón. Yo, de reojo, intentaba seguir a Cintia mientras veía cómo ella uno a uno rechazaba a quienes iban a sacarla.
Cuando por fin empezó una canción que, de verdacito, nunca había escuchado, decidí cortar por lo sano con Gracia e irme al baño antes de regresar a la mesa para sacar a bailar a Cintia. Camino a la mesa me di cuenta que Cintia no estaba, el susto se diluyó de inmediato al ver que estaba bailando la ronda con los novios: qué linda se veía bailando solita, cómo meneaba su perfecto cabello ondulado, cómo mostraba su sonrisa… Mientras la miraba, los que quedábamos en la mesa estábamos brindando con lo que había. A Paúl no le estaba ligando con la chica de la otra mesa y le propuse a Gracia que lo consuele, a lo que ella negó con un rotundo y contundente: Estás tú bien huevón, no?
Más allá de dicha respuesta a Gracia se le notaba un poco picada, poco fue un decir, así que le sugerí que pare un poco la mano. Para qué abrí la boca, ya que de inmediato me dijo: ok, entonces vamos a bailar, para que se me baje. Cintia seguía en la ronda así que le sugerí irnos allá también. Un convincente no jodas, fue suficiente para darme cuenta que aparte de borracha, estaba de lo más intransigente a mi sugerencia. De pronto sucedió lo peor: se inició la hora loca. Peor no pudo ser mi expresión al notar que Cintia ya no estaba en la ronda ni tampoco en la mesa que Teresa al toque volteó hacia mi preguntando: qué chucha pasó? Yo le dije que no veía a Cintia y que probablemente ya se había ido, aunque de inmediato me di cuenta que eso poco le interesaba a Gracia porque ésta seguía bailando como loca.
Apenas hubo un respiro, dejé a Gracia en la pista d baile para regresar a la mesa y saber qué pasó con Cintia. Paúl, borracho como estaba de tanto whisky me dijo que se había ido junto a las otras 2 parejas de esposos que estaban en la mesa –Mierda! fue lo primero que se ocurrió-, mientras Gracia llegó rauda a la mesa, se zampó el medio vaso de whisky que le quedaba a Paúl y me reclamó, creo yo, peor que enamorada: La próxima vez que me vuelvas a dejar así, te jodes conmigo, aunque a decir verdad eso era lo último que me incomodaba en aquel momento.
Si se pudieron dar cuenta, una característica que sobresale de Gracia -y q por momentos no tiene ninguna gracia- es su boquita de caramelo, y es fue una de las razones por la que nunca terminó por atraerme. Ahora, imagínensela borracha!, pues lo que escribo en este post es tan sólo un botón de todo lo que soltó aquella noche. Ya con Cintia ausente, no tenía más ganas de seguir en ese lugar y menos aguantando a una borracha como Gracia. Decidí servirme un último vaso de Whisky antes de largarme y, sobre todo, antes que Gracia regrese del baño.
Para mi mala suerte, justo cuando estaba por cruzar el umbral hacia mi libertad ella salía del baño -que quedaba d salida- cuando de pronto me interceptó y me dijo: Quasi, no me siento bien –vaya novedad-, déjame en mi casa por favor. No sé si les dije esto antes, pero uno de mis más grandes problemas es no saber pagar con la misma moneda y Gracia, por más chinche que se haya portado conmigo aquella noche, no merecía que la deje tirada, y encima ebria, en aquella fiesta.
Ya en el taxi, Gracia estaba que cabeceaba por momentos balbuceando maldiciones a todos y cada uno de los idiotas con los que estaba, hasta que, en una de esas, volteó a verme fijamente a los ojos y me dijo: Quasimodo, te quiero decir algo, pero no se lo vayas a decir a nadie, si? Sonó tan real la cosa que por un momento creí que me diría, de veras, algo importante. Si, dime Grace, qué sucede? A lo que ella empezó a acercar poco a poco su rostro al mío mientras decía: Quasi, yo… Quasi, yo… Y zas! que hizo su aparición Hugo (si saben a lo que me refiero).
Como corolario de la historia, ahora Grace sigue de lo más tranquila conmigo, como si nada hubiera pasado (y es que para alguien que no tiene memoria alguna de lo que hizo, en efecto nada ha pasado). El taxista me exigió que, además del taxi, le pague la limpieza que tenía que hacerle a su vehículo; además de la espera mientras yo dejaba a Gracia en su depa. Por mucho, esta historia refleja la frase del título y lo que estuve pensando aquella noche para con Grace. No hay manera en que Grace pueda resarcir de alguna manera lo que hizo aquella noche, mientras cada vez que nos encontramos en el chat, me sigue contando sus desventuras amorosas… y yo, cojudo hasta cierto punto, le sigo escuchando (o leyendo).
Quasimodo.
3 comentarios:
Estimado luchito, no leia tus post desde la mesita de noche este me dio demasiado risa!!!! oe minimo q t pague la lavada d la ropa xq ese hugo de hecho q t cayo y con todo jajaja
UHmm..me sorprende que no hayas sido mas contundente con Gracia (raro en ti) ..k antipatica!!..muy bue post!...jajaja..me mate de risa con Hugo...guight!
Pucha, a veces uno por ser "buena gente" le pasan esas cosas. Lo pongo entre comillas porque hay una línea delgada entre ser eso y un huevón (lo digo por experiencia propia).
Tal vez hace años me hubiese comportado igual que tú, pero ahora ya no aguantaría tonterías ni mucho menos. Esa chica no era tu responsabilidad y debió haberse sabido comportar. Estas cosas son mejor cortarlas de raíz.
GNZL
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