Si algo va a caracterizar esta entrada es de una cosa: aquí la historia va en un sentido muy distinto a los anteriores ¿al revés quizás? Júzguenlo por ustedes mismos.
De existir algo en particular en eso que muchos llaman ‘amor’ o al acto que conlleva a ‘enamorarse’ de alguien, eso es la completa falta de lógica y consecuencia que nuestros actos tienen con respecto a como se va desenvolviendo las cosas durante toda aquella ceremonia que consiste en afanar a alguien. Digo esto porque soy consciente, ya sea por experiencias propias o por ajenas, y compruebo aquella frase donde dice que “el amor es como una mariposa, a veces cuando quieres que se pose en tu mano ésta se espanta y se va; pero cuando menos te lo imaginas, ésta se posa tranquilita”, cuánta razón tenía quien lo pronunció por primera vez. Quizás al igual que yo, se dio muchas veces un portazo con cosas como las que le voy a contar...
En una fiesta conocí a la amiga de la amiga de una amiga mía; para ser más preciso, Sandra llevó a Jimena, quien a su vez llevó a Romina. Yo había hablado antes con Sandra para que vaya a esta fiesta porque se supone que en dicha reuna iban a estar puros hombres, así que era necesaria la compañía de féminas, para amenizar la reunión (no saben cuan aburrida es un tono con puros hombres). En fin, mi argumento para convencer a Sandra fue que iba a ir Andrés, que era un chico que le gustaba, le metí el floro que él quería verla, ¿la idea? pues es que Sandra siempre estaba rodeada de amigas simpáticas y siempre estaba dispuesta a llevarlas a las reuniones a las que ella iba. No era amor al chancho, desde luego, sino a los chicharrones.
Quien sí ese día llamó poderosamente mi atención fue Romina, muchísimos años menor que yo pero con quien, casi de inmediato, logramos una química muy simpática. Para mi desdicha, aquella misma noche me dijo que su enamorado estaba lejos (pero que lo tenía y estaba muy enamorada de él) “maldito suertudo” –me dije, y a partir de ese momento, cambié de modalidad ‘intentar algo’ por la de ‘simplemente pata’. Sandra se dio cuenta en el acto que Romina me había llamado la atención y empezó a fastidiarme con ella, aunque con la negativa por parte de Romina. El tiempo pasó y de pronto algo cambió, Romina me dijo que ya no estaba con quien era su enamorado, que las cosas cambiaron entre ellos y que ella no se podía seguir así. En fin, su relación de casi 4 años se había terminado y ello, según sus propias palabras, la hizo no creer en el amor.
Mi interés por Romina era claro (y creo que hasta ella se daba cuenta en algunas ocasiones) y algunas veces, cuando no era yo quien empezaba las conversas por el Messenger, ella las iniciaba con su ya clásico: “Holis!”, lo que daba inicio a largas tertulias de cualquier cosa. Me encantaba hablar con ella. Al momento que ella me dijo que no creía en el amor, me acordé de mi mismo cuando en más de una ocasión era yo quien no quería enamorarse y pensé… entonces hay que emplear una estrategia distinta para poder enamorarla –y decidí poner manos a la obra.
En una ocasión, de ella fue la iniciativa que la acompañe a una reunión, cosa que al inicio me llenó de orgullo (porque mi estrategia, quizás, estaba resultando) y cierta dicha porque me sentía correspondido. En ese mismo día, Sandra me llamó para pedirme que la acompañe a la misma fiesta, coincidentemente, a lo que le dije que ya estaba acompañando a Romina porque ella me lo pidió antes y que tranquilamente, podíamos ir en grupo si Sandra misma quería. En la reunión, finalmente, Sandra y Romina llegaron juntas con otras amigas y yo terminé yendo con un grupo de patas que también iban a ir a aquella fiesta. Con Romina bailamos bastante y, no miento, me sentí bastante a gusto; pero la noche terminó y así como vino, Romina se terminó yendo con Sandra a casa de ésta última a otra reu… a la cual, obviamente, no estaba invitado.
En varias ocasiones, yo la invité a salir y ella no podía/quería y a pesar de sus negativas, yo no perdía las esperanzas. Un día, Sandra nos había invitado a una reunión en su casa por motivo que ‘por fin!’ (si lo sé, que malo) ella y Andrés llegaron a estar, a dicha reunión estaban invitados amigos en común de la pareja. Ante esto, Romina me había dicho que no estaba segura porque habiendo renunciado al trabajo hace poco, tenía algunas prioridades como ahorrar para sus estudios. Yo estaba seguro de ir y quería que ella fuera conmigo, a lo que le metí un floro bárbaro, cosa que terminamos encontrándonos en la puerta de la casa de Sandra (al menos, creí, es un avance no?). Entre los amigos de Andrés había uno en particular, ya lo conozco con bastante tiempo atrás y (no lo digo por nada en particular, créanme) es un reverendo huevón! su nombre es Roberto y siempre ha sido el centro de burlas y punto de chascarrillos del grupo de Andrés. En alguna ocasión, mucho antes, intenté abogar por Roberto para que dejen de fregarlo tanto pero me resultó imposible. El tipo simplemente hace méritos para que lo traten como lo hacen.
Roberto estaba en otro grupo con Sandra y Andrés, yo estaba con Romina y algunos otros amigos de Sandra. Cuando Andrés me preguntó sobre qué hacía con Romina, yo le dije que si quería algo con ella a lo que una especie de aprobación por parte de su grupo fue unánime (encontrándose Roberto entre ellos); pero sin embargo algo pasó; no sé bien qué cosa pasó ahí… El comportamiento de Romina cambió, dejó de escribir de pronto, pasaba horas mirando si aquella ventana del Messenger con su nombre me mandaba de pronto aquel ‘tucutín!’ anunciándome algún mensaje de ella; ni mucho menos contestaba los mensajes que le enviaba al celular. En fin, algo le estará pasando y querría estar sola, pensé.
Días después, el ‘tucutín!’ llegó y con él Romina me decía que Andrés había organizado una reunión en su casa y me preguntó si yo sabía algo porque le parecía raro que yo no le había dicho nada a ella “En ningún momento me comentaron algo al respecto” –le repliqué. “En fin” –dijo ella- “yo voy a verme con Roberto para ir con él” –dicho esto, se desconectó de pronto. Ello fue como un baldazo de agua fría, para mi. ¿En qué momento?! –pensé. Cómo si fuera el más estúpido de los celosos, empecé a ver el perfil de Facebook de ella y encontré varios comentarios y “Me gusta” en muchos de sus posts. Luego me dirigí al perfil de él y mi sorpresa aún fue mayor: Era ella quien también escribía en su muro tonteras como “=)”… A mi jamás, ni por asomo siquiera, hizo eso a pesar de los varios “Me Gusta” que le hice a varios de sus posts. Hasta en una, Roberto le llegó a llamar “mi novia”. Leído esto, y por salud mental, cerré el Facebook. Todo ha terminado (al menos para mi).
Yo siempre pienso que escribir es una manera de liberar el alma; como bien me dijo alguien en su momento, escribir es tan igual que saltar, gritar y mandar a la mierda pero todo junto. Después de escribir este post he sentido una tranquilidad muy particular, siento que tú, quien sea que lo leas, llegado a este punto pensarás lo mismo que yo ahora: “qué huevó y arrastrado fui!!!”. No se los discuto, pero ahora me siento mejor.
Quasimodo.