
Anoche que llegaba de una pichanga me acordé de una situación que me sucedió hace mucho tiempo atrás. Como aquella misma noche de lunes, regresaba de un partido de fulbito con unos amigos de la universidad con los que nos reuníamos regularmente, hice la misma parada en la sanguchería que aún está a casi una esquina de mi casa y pedí la misma hamburguesa que me pedí aquella noche... Entonces ¿cuál era la diferencia? Inés.
Lo que sucedió hace años fue lo siguiente: al ingresar al restaurante, me percaté d 2 chicas, una hablándole a la otra mientras ésta sollozaba por algún motivo en particular (en aquel instante, yo no me imaginaba lo que sucedía aunque supuse que era una pena de amores). No sé qué me dio en aquel instante, de pronto sentí un impulso compasivo respecto a la chica que estaba secándose las lágrimas. Metí la mano en mi chimpunera y saqué una bolsita de servilletas tissue que tiempo atrás mi mamá me dio para sonarme los mocos por una alergia q padezco.
Me acerqué a las chicas en cuestión y le acerqué la bolsita a quien estaba llorando... me presenté. Asumo que el momento en que me acerqué a estas chicas (ojo que sin ningún otro motivo sino que el sólo hecho de ser servicial) no era de los más propicios, ya que apenas y atinaron a mirarme y a masticar un Gracias entre sollozos. El resto de la semana pasó muy rápido, con su rostro y su actitud dándome vueltas por la cabeza -o sea, pudo ser algo más cortés no?-. Dicen que la vida da vueltas cuando menos se lo propone uno...
El viernes de esa misma semana cumplía años un amigo del lugar donde hacía mis prácticas y nos estaba invitando a los practicantes a una disco -en verdad estaba que invitaba a una practicante que estaba, para el estándar, simpática; pero que no quería desairarnos a los demás chicos del área- y no quería perdérmela porque esta chica había amenazado llevar a su mancha de amigas. Teníamos que estar preparados. Salí al tono sin esperar nada, ella me encontró...
Estaba sentado en la mesa tomando mi chopp de cerveza mientras descansaba del baile con una de las amigas de mi amiga, entonces ella se acercó. Con la oscuridad de la discoteca y con el peinado que se había hecho casi no la reconocí, Inés se presentó y me agradeció el acto que tuve aquella otra noche -No es nada- dije con algo de satisfacción, pues finalmente mi actitud fue reconocida. Ella me señaló a su grupo de amigas con las que había venido, en el cual pude reconocer a la amiga que la acompañaba en la sanguchería, me dijo que se llamaba Marta.
Me invitó a bailar y el tema duró un muy buen rato, cuando menos lo esperé puso sus manos detrás de mi cabeza y la llevó lentamente hacia la suya, ambos de pura inercia estiramos nuestros labios y nos perdimos en un beso lento, profundo y, debo aceptarlo, riquísimo mientras duró. Perdimos la noción del tiempo, sólo Dios sabía qué habría sucedido en el mundo mientras nuestras almas estaban conectadas en, no sólo un instante... pareció que le robamos un pedacito de eternidad al mundo. No nos importaba nada (ni siquiera cuando su amiga le hacía señas a un costado de nosotros diciéndole que ya se debían ir, Inés no le hizo caso así que sólo les quedó esperarla).
Estaba sentado en la mesa tomando mi chopp de cerveza mientras descansaba del baile con una de las amigas de mi amiga, entonces ella se acercó. Con la oscuridad de la discoteca y con el peinado que se había hecho casi no la reconocí, Inés se presentó y me agradeció el acto que tuve aquella otra noche -No es nada- dije con algo de satisfacción, pues finalmente mi actitud fue reconocida. Ella me señaló a su grupo de amigas con las que había venido, en el cual pude reconocer a la amiga que la acompañaba en la sanguchería, me dijo que se llamaba Marta.
Me invitó a bailar y el tema duró un muy buen rato, cuando menos lo esperé puso sus manos detrás de mi cabeza y la llevó lentamente hacia la suya, ambos de pura inercia estiramos nuestros labios y nos perdimos en un beso lento, profundo y, debo aceptarlo, riquísimo mientras duró. Perdimos la noción del tiempo, sólo Dios sabía qué habría sucedido en el mundo mientras nuestras almas estaban conectadas en, no sólo un instante... pareció que le robamos un pedacito de eternidad al mundo. No nos importaba nada (ni siquiera cuando su amiga le hacía señas a un costado de nosotros diciéndole que ya se debían ir, Inés no le hizo caso así que sólo les quedó esperarla).
Finalmente Inés tenía que irse, no sin antes dejarme su número, correos y toda información de contacto imaginable. Algunos dicen que sería un error si la contacto a la mañana siguiente, que parecería desesperado y no es justamente lo que quiero aparentar; sin embargo, las ganas que tenía de verla eran mayores a mis ganas de no quedar como un reverendo aguantado. Ella fue quien me escribió un sms algo tierno la noche siguiente a nuestro encuentro en aquella discoteca. Aunque eso fue lo único que hizo ya que perdí completamente el contacto con ella posteriormente por más que intenté.
Tiempo después las encontré en la misma sanguchería aunque cuando llegaba, tanto Inés como Marta salían raudas del lugar. Entre la consternación de hacer algo (ir tras ellas, era lo único que se me ocurría) o seguir la cola para hacer el pedido en caja, se apareció Marta y, de parte de Inés, ésta se disculpaba si había despertado algún sentimiento en mi, que no era su intención ya que seguía enamorada del tipo que la engañó y por quien lloró aquella noche que, de pura casualidad, la vi en aquel mismo lugar. Se tuvo que marchar.
Tiempo después las encontré en la misma sanguchería aunque cuando llegaba, tanto Inés como Marta salían raudas del lugar. Entre la consternación de hacer algo (ir tras ellas, era lo único que se me ocurría) o seguir la cola para hacer el pedido en caja, se apareció Marta y, de parte de Inés, ésta se disculpaba si había despertado algún sentimiento en mi, que no era su intención ya que seguía enamorada del tipo que la engañó y por quien lloró aquella noche que, de pura casualidad, la vi en aquel mismo lugar. Se tuvo que marchar.
Ahora me pregunto: ¿me dejé impresionar por el beso? si; ¿me llamó la atención ver a una chica llorando? también, no puedo explicar el impulso que me llevó a ofrecerle el tissue. En fin, esta historia de amor llegó a su fin d manera tan súbita como empezó. La moraleja?: Allá el estúpido que se enamora sólo con un beso.
Quasimodo.









