martes 4 de agosto de 2009

A echarle tierrita nomás...


Siempre he tenido un concepto, quizás disparatadamente erróneo, sobre que si a una chica le gusta un chico (o siquiera le llame la atención); sin pretender decir que se regale, pero digamos que es capaz de dejar algunas 'puertas abiertas'. No sólo sucede así en el caso de las chicas, hablo porque muchos hombres también cometemos (dichos por algunos) esos 'pecadillos'.

Acabo de leer que según cuánto te ilusiones con una persona, dependerá en cuanto te decepciones de ella al fin de cuentas; y creo con toda certeza que ése es mi más grande error a lo largo de mi vida: me ilusiono demasiado (y créanme, lo digo con mucha bronca).

Y es que cómo no ilusionarse cuando una chica, realmente simpática y buena chica, que conociste por esas casualidades de la vida (cuando en verdad quería 'conocer' a su amiga) te invita a su facebook, te hace el habla (y ésta dura horas) y te dice que le pareces alguien interesante (cumplido que no recibo muy seguido, a decir verdad)?

Bueno básicamente así empezó todo, hablamos varias veces por el chat del facebook ya que tanto en su trabajo como en el mío, el messenger no estaba permitido. Yo soy, por otro lado, partidario de la idea que cuando uno quiere conocer realmente a alguien, entonces se tienen que 'conocer' con todas las de la ley, sin que ello implique afirmación alguna sobre una posible relación; esto es, hablando en buen español (y castellano todavía): debe haber algún encuentro personal entre ambos como mínimo. No concibo (quizás por algún estúpido prejuicio mío, no sé) que si te interese alguien, no hagas ningún esfuerzo por generar un acercamiento hacia esta persona.

Dicho todo este floro, entonces la invité a salir un día... Ella me dijo que sus películas favoritas son las comedias románticas (maldita sea! en lo personal las detesto, pero estaba dispuesto a hacer el esfuerzo de soplarme una completa) así que quedamos en ir al cine (otro día que no sea martes para que no piense que soy un misio) para después, el mismo día de la cita, plantarme apelando a la excusa de la vieja amiga, aquella que no veía hace tiempo y que tras olvidarse de nuestra cita, quedó con esta en salir esa misma noche. No tengo nada contra las muestras espontáneas de gratitud hacia las viejas amistades, pero... ese mismo día?

Y bueno, fiel a mis creencias (por no querer decir terco), la invité a salir de nuevo; esta vez también quería ver otra película de esas que le gustan (la anterior la había ido a ver con un amigo de su trabajo, ni siquiera fue en mancha ¿acaso sólo tiene un solo amigo en su chamba?). La llamé un día antes para recordarle nuestra cita, y esperando con ello no tenga nuevos espasmos de gratitud hacia viejas amistades (al menos no ese día). Ella me dijo que no habría problema, que la disculpara por la otra vez pero que de todas maneras (típica palabra cliché que muchos llegamos a usar en algún momento) salíamos ese martes.

Habíamos quedado para ir a función de las 8pm. cuando dada las 7pm., yo estando camino a casa a dejar mis cosas del trabajo antes de ir al punto de encuentro, recibí un mensaje misio de su teléfono. Resulta que, tras llamarla, me dijo que aquella noche su mamá no la dejaba salir porque se le había provocado a su madre tomar el lonche con ella. Debo reconocer que esta excusa es más original que la anterior pero igual creo que no pasa de una excusa y que no quiso salir conmigo de nuevo. Para este, entonces ya teníamos cerca de 2 meses 'conociéndonos' por el chat siendo ella en muchas de las veces, quien iniciaba la conversa.

Comentado el hecho con una amiga, ésta me dijo que si una chica quiere salir con alguien se busca un tiempo para ello; que 'siempre lo hay' y eso me consta porque cuando yo quiero salir con alguien también me lo busco y muchas veces lo encuentro. Con esta afirmación hecha por una mujer que precisamente estaba siendo afanada en ese momento, no hice más que confirmarme a mi mismo lo que ya tenía en la cabeza dando vueltas algunas veces: no quería salir conmigo. Hasta yo me sorprendo con tamaña muestra de brillantez por parte mía.

No suficiente con estas lecciones y moralejas, el destino aún tenía preparado otra jugarreta para conmigo. Por esas cosas de la vida y de amigos de los amigos, ella terminó en una misma fiesta que yo, así que no había de otra que enfrentar al toro por las astas y lanzarme hacia ella con una cautela disfrazada de querer y no querer. Estuvimos un rato conversando, por momentos ella me agarraba el hombro, un par de veces la mano y a veces me susurraba al oído algunas explicaciones sobre chistes de sus amigos (típicos chistes de abogados que sólo entienden ellos). En toda la noche, sólo bailamos una vez y es que casi todos querían bailar con ella.

Cuando la fiesta estaba por terminar, y yo dispuesto a retirarme a casa, le pregunté en cuánto tiempo se iba y ella me dijo que su amigo del trabajo que estaba en esa fiesta, si el mismo desgraciado con el que salió al cine, la llevaría a su casa (a pesar que la mía quedaba más en su ruta que la de él) y fue ahí cuando todo quedó claro para mí (al menos hasta ahora) y decidí en ese instante echarle tierrita al asunto. El tema del enamoramiento es, como lo escuché anteriormente, una copa de vino que se toma entre 2 y si ella no quiere más que solamente interactuar conmigo por el chat (probablemente porque no haya mucha gente con la que hablar a esa hora) pues que así sea. Si no se quiere dar cuenta de las señales que envío, entonces nunca creo que pasará nada. Como bien lo dijo Jesús alguna vez: no hay peor ciego que quien no quiere ver. Fin de la historia (al menos de esa), por el momento.

Quasimodo.

Sé que no es mi costumbre pero les dejo un videíto que, de una u otra manera representa lo que me pasó con esta chica (y no sólo me ha pasado con ella):

domingo 5 de julio de 2009

Crónica de una muerte anunciada...


No, no es sobre ninguna de las muertes de los famosos que se dieron hace poco. Hablo de una muerte en particular que se dió hace ya algunos días: la muerte de una ilusión. Esta no terminó siendo tan difundida en los medios escritos ni en la televisión como aquellas otras muertes porque esa historia, en verdad sólo la compraría yo.

La había invitado a salir y ella finalmente aceptó (dicen que por insistencias, algunas cosas se logran), aunque en una de esas me dijo que mejor me quede en mi casa y no nos encontremos (el barajo posterior fue que ella creía que yo estaba ocupado y dejando de hacer cosas importantes al querer salir con ella) cosa que finalmente no resultó porque nos encontramos a la hora de hablar por teléfono y acordar que sea el Ovalo Gutierres el punto de reunión, lugar un poco lejos de mi casa (y ciertamente al de ella también) y no sé hasta ahora por qué quería ir hasta allá, pero bueno, las ganas estaban de verla y no importaba donde se le antoje. En verdad sí, pero, quizás por estupideces mías, no quería darle mucha importancia.

Había planificado 'casi' todo antes de aquel encuentro: había pensado en llevarla a comer, tomar algunos tragos y quizás hasta ir a bailar un rato. Felizmente era viernes y todo se prestaba; tenía que aprovechar que estábamos en zona que se prestaba para todo ello. "Chévere" -decía dentro de mi- de una u otra manera, todo estaba cuadrando a mi favor "De esta noche no pasa" -decía para mi, y es que tenía muchas cosas que decirle y no quería dejar pasar la oportunidad de soltarle todo... Creo que es pertinente mencionar que no era ni la primera vez que salía con ella ni que recién la conozca (tampoco es que la conozco taaaaaanto); pero podría decir que 'estaba preparado y dispuesto' para cruzar aquella delgaga línea roja con esta chica que había conocido hace ya un tiempo.

Tuve la mala suerte que ocurriesen una serie de eventos desafortunados que me impidieran llegar puntual a la cita (llegué, por mucho, 5 minutos tarde) y su recepción no fue del todo condescendiente. O al menos no lo suficientemente efusiva como hubiera querido así que supuse que estaría algo enojada, aunque ella decía lo contrario... y yo le creía. Fuimos a comer y ella no quiso probar bocado alguno del piqueo que había pedido, aunque sí aceptó gustosa la sangría, nos la terminamos y pedimos una segunda y ya nos estábamos empilando algo... De pronto empezamos a contarnos algunos pasajes de nuestra vida y entrando más en confianza. Creí que lo que había empezado mal podría terminar muy bien y a mi favor. Exelente!

Acabado el piqueo y la segunda jarra de sangría, optamor por irnos a un pub a ver que saldría. Llegamos a un lugar de apariencia agradable y, a solicitud de ella pedimos una jarra de cerveza. Seguimos conversando cada vez con mayor confianza cuando, terminada la primera jarra de cerveza y tras llamar al mozo para pedir una segunda cuando empezamos a hablar, por idea mía, sobre nuestras situaciones amorosas... Y fue ahí donde empezó el final de la velada. Ella, con todas las copas encima, no dudó en romper mi ilusión al contarme que se sentía enamorada de un tipo que conoció en un viaje y, aunque su amiga lo estaba afanando, éste le hizo un presente a ella al final de su periplo; actitud que ella lo consideró demasiado especial para la ocasión y lo que ocasionó que ella quede prendida de él en ese momento... A pesar que al encontrarse nuevamente ella lo haya vuelto a llamar y él no le contestaba ni los mensajes de texto utilizando el viejo pretexto de 'estaba en la chamba', o 'no tenía saldo' y haga que ella se angustie. El colmo se dio cuando yo la había invitado a salir y, mientras caminábamos muy tranquilos (yo tratando de sacarle más info sobre lo que ella sentía en esos momentos), él sólo le timbró y ella se gastó todo su saldo (al mismo tiempo que mi paciencia) en pedirle explicaciones del por qué no la llamaba mientras ella se disculpaba por no haberlo podido llamar antes. Yo me soplé algo de 45 minutos de un floro de lo más triste y, haciéndole señas a ellas que ya me iba, ella me decía que no y yo, más estúpido todavía, me quedaba.

Bueno, el hecho fue que a partir de ahí, incluso de ese momento aquella ilusión se fue muy lejos, al suelo sin escalas y con ruptura de corazón incluído en el paquete. Quise que todo termine, le dije que ya mejor nos fuéramos porque ella estaba borracha; cosa que era una exageración, pero quería ya quitármela de encima, llegar a mi casa y dormir hasta olvidarla... Al dejarla en su casa me despedí algo frío, cosa que la dejó con una cara de 'aquí qué pasó que no me enteré' y es que creí que era mejor así. Que si de amigo me quería tratar, entonces me despedía como un pata ya que simplemente no quería ser su amigo... no podía. La cosa fue que al llegar a casa ya no pude dormir, fue entonces que escribí este post, no sin antes desfogar toda mi ira redactando un nuevo post en mi blog d poemas. Ahora sé que ella se fue de nuevo de viaje (no sé si detrás de él, pero ya ni me interesa) y que ayer fue su despedida, sé también que él estaba invitado... y a mi nunca me dijo nada. Sólo me envió un sms el día de su viaje dándome las gracias por lo 'amable' que había sido al escucharle todo el rollo del fulano ese de quien quien ella enamorada, tras ello la llamé sólo para desearle buen viaje.

No podía estar más en lo cierto aquel que dijo que es el hombre quien propone y la mujer quien dispone... En fin, ya fue.

Quasimodo.

martes 19 de mayo de 2009

De pronto sientes como todo ha cambiado...


Ya nada es como lo era 'antes' (e incluso te cuestionas si es que 'antes', en verdad, había 'algo'). Si uno se queda con aquella 'foto antigua' le pueden suceder cosas como las que me pasa en estos precisos momentos. Un sentido de no pertenencia impresionante que me deja completamente rezagado a ese casi olvidado pero siempre bien ponderado baúl de los recuerdos. Saber que sólo fuiste alguien que pasó por ahi pero que, pasados casi 11 años, te quedaste en aquella acera, parado mientras ella tomaba el bus de regreso a casa y a una vida llena de nuevas emociones, amigos y amores... ¿y dónde queda uno? De pie en el paradero observando como ella se va... quizás para nunca más volver (al menos no de la manera de cómo se fue).

Es probable que, hoy por hoy, ya no vuelva a saber nada más de ella durante su estadía por aquí, es triste aceptarlo a estas alturas, sin embargo veo que es feliz así como está y eso, aunque me joda no formar parte de esa historia, me deja menos intranquilo. Creo que me siento tanto o más triste que cuando sabes que la chica que te gusta celebra su cumpleaños con toda la pompa que amerita y sabes que todos están invitados... menos tú.

Es cierto que sea yo el que se haya ido del panorama; sin embargo eso no quita en absoluto el hecho que siempre haya tenido guardada la foto en uno de los mejores marcos que pude encontrarle en uno de los rincones más queridos de mi magullado corazón; sin embargo, las limitaciones tanto tecnológicas como otras que puedan haber sucedido (en ese entonces no teníamos muchos amigos en común y apenas muy pocas personas en Lima hacían uso extensivo del correo electrónico; sin mencionar que al poco tiempo se mudó y cambió de número) hicieron que perdiera por completo el rastro de ella... Mas nunca la olvidé ni cesé en mi búsqueda de encontrarla, que quede claro.

Y es que sólo un estúpido como yo puede creer que alguien más siente las mismas ganas de ver a una persona después de caso 11 años y hasta emocionarse por ello... Acepto que pequé de iluso. No es la primera vez que me sentí que no pertenecía a un grupo (o a alguien), sin embargo ésta es una de las pocas veces en las cuales realmente jode saberlo...

Quasimodo

[Última Actualización]
Me enteré que se acaba de ir a Australia, país donde radica, sin poder verla (después de n invitaciones realizadas por mi) ni siquiera despedirse... De todas maneras quisiera decirte HASTA SIEMPRE, si en algún momento llegases a leer este post.

lunes 2 de febrero de 2009

¿Resentido yo? Jajajaja... me temo que si


Para los que creen que un resentido es un tipo estúpido lleno de idioteces en la cabeza (justamente aquello que lo hace resentido) están en lo cierto y con eso, estoy haciendo un mea culpa sobre algunas actitudes que puedo asumir de vez en cuando y que puedan parecer estúpidas a simple vista. He aquí una manera de pensar de un resentido... No espero que estén de acuerdo con él sino que lo entiendan porque, es probable que en algún momento de nuestras vidas, nos hayamos sentidos resentidos con algo o con alguien.

Qué nos lleva a estar resentido? La verdad que pueden ser diversos móviles, sin embargo considero como uno muy personal, una especie de aplicar 'justicia' por mi propia cuenta cuando el Karma (haciendo mención a la serie 'My Name is Earl') no hace su trabajo (o creemos que no lo hace porque tiene cosas más importantes qué hacer).

Esta historia de 'justicia' empieza cuando conocí a una flaca en la universidad, apenas la vi por primera vez (ella pasaba por el otro lado del parquecito que hay en plena facultad) sentí una especie de 'conexión': nuestras miradas se cruzaron y puedo decir que ahí se dio mi primer impacto por ella... Bueno, acto seguido estaba sentado en el suelo porque me había chocado contra una pared que, por razones obvias, no pude ver, jeje...

Cuando llegué a la oficina del decano, pues tenía que buscar a un profesor para consultarle algo (en mi época más marciana de estudiante) me di cuenta que la persona que estaba a continuación mío era ella, aquella por la que me di el 'paredzaso'! No voy a decir que no pude ocultar mi 'entusiasmo' por aquel encuentro. 'Demonios' - me dije - 'está en info!!!' - no podía creerlo. Ella muy cortésmente me preguntó con qué profesor podía consultar sobre el tema que ella había ido a tratar, le dije muy entrecortado que podría preguntarle al profe al cual yo iba a hacerle la consulta a ver si él sabía algo y muy ñoño yo, le cedí mi sitio en la cola para que ella le pregunte Supuse yo que no tomaría mucho tiempo, así que bien podía esperar... ¡Qué caballero que soy!

Después de casi más de una hora esperando a que ella salga de la oficina del profesor, muy rauda y sin darme las gracias, ingresé algo contrariado a la oficina del profesor sólo para escuchar sus disculpas pues ya se tenía que ir a otra universidad a dictar, pues era sólo profesor de medio tiempo en aquella época. Tamales! - me dije - y encima ni se despidió.

Tuve un ciclo para 'conocerla bien', ya que llevé todo un período con ella. No podía negar que me atraía: era mucho más extrovertida, le gusta que la engrían y, aunque a veces hablaba como bebita, era capaz de aguantarle todos sus desplantes cuando trataba de invitarla a salir.

Una vez en la universidad, en el grupo de amigos al que ella y yo solíamos frecuentar (generalmente cada uno por su cuenta) y al que caímos de pura casualidad los 2, cabe explicar que yo había ido solo ahí porque previamente la había invitado a salir y ella me dijo que no podía salir de su casa. Se imaginarán mi cara de sorpresa al verla ahí bien divertida con sus amigas tomándose fotos. Para una cosa si puedo decir que era buenísima: conseguía lo que quería, aunque muchas veces buscaba arrimarse a algún chivo expiatorio que esté a la mano... entiendo lo que piensan, mis queridos lectores, muchas veces fui yo ese cojudo que caía ante sus peticiones. Tampoco tendrán que pensar mucho para fui yo su fotógrafo oficial aquella noche y, aunque traté de asegurarme con una foto con ella siquiera, nunca aparecí en su galería.

Casi finalizando el ciclo un buen amigo mío, de esos 'causitas' que se caracterizan por organizan 'los tonos', me invitó al que él organizaba por fin de ciclo. Era de mi círculo de amigos, mas no el de ella, así que se puede deducir ella no estaba invitada. Este amigo me dijo que si quería podía invitar a alguien, ya que por ser su pata, me podía dar una entrada doble a la zona VIP. La primera imagen que tuve fue la cara de ella tras decirle que podía estar en 'el tono de fin de ciclo' e incluso en zona VIP... Entonces me vino la inquietud: ¿vale la pena?

¿Vale la pena darle ese premio a alguien que, según yo, no hizo los méritos necesarios? ¿Vale ella la entrada VIP para que se vuelva a lucir en su galería de imágenes con amigas de ella que muy probablemente si lleguen a ir y no conmigo? Yo creo que la respuesta a ambas respuestas es no. Si eso es suficiente para considerarme un resentido, pues admito mi delito. Pero díganme acaso si ustedes no actuarían de la misma manera?

Para dar cerrada la historia, esa noche fui solo y la pasé de puta madre!

Quasimodo.

viernes 7 de noviembre de 2008

... Y la volví a ver


No es fácil estar en una situación así. De pronto decides llegar a un estado de 'resignación' en la que decides que 'es mejor' olvidar a lo que buenamente tu corazón estuvo atado por buen tiempo. Dicen que el hombre es un animal de costumbres y creo que la resignación es un estado en el que uno 'se acostumbra' a la idea que algo 'ya fue'. Este ha sido mi caso... al menos hasta hace algunos días.

¿Qué ha sucedido en verdad? Haciendo una retrospectiva a mi vida amorosa, podría decir que ha sido un completo desastre salvo por un detalle (¿o debería decir 'una' detalle?), justamente es aquello que hasta ahora atesoro con un especial cariño, a la vez que me había resignado a la idea que no se fuera a hacerse realidad. Y ahora creo que esa idea es más lejana todavía, aunque...

Hablé de ella hace algunos posts (a ver si se dan cuenta de quien se trata...) y creo que, más allá de lo que haya pasado de ahí en adelante, no puedo resignarme a la idea que no he podido enamorar a ninguna otra mujer porque simplemente aún sigo pensando en la susodicha. ¿Qué es lo que la hace especial? Creo que todo, o bueno, al menos una gran cantidad de cosas que no he encontrado en muchas mujeres que he conocido: GRANDEZA (que quede claro que no tiene nada que ver que yo sea chato, no hablo de tamaño en absoluto).

Alguna vez, hace ya mucho tiempo atrás que alguien me dijo que seguía pensando en ella y debo admitir que no he encontrado el clavo ideal para quitarme el que llevo dentro desde hace mucho... a veces siento que no quiero cambiar aquella ilusión; otras veces siento que simplemente no me llena lo suficiente la mujer que un día cualquiera llego a conocer o que me llegan a presentar. Definitivamente el problema soy yo.

Al releer este post, antes de publicarlo, me siento un poco estúpido, ya que soy yo quien le recomendé a una amiga que le eche tierra al tipo que se fue a otro país a trabajar y que se supone que la iba a esperar, hacer dinero allá y regresar a casarse... Eso nunca sucedió ylo mejor, creí, en ese caso era separarse por las buenas y continuar viviendo su propia vida... ¡Qué fácil suena decirlo! A mi mismo me cuesta mucho ahora, estando en una situación muy similar, desprenderme de aquella ilusión (¡vaya, es sólo una ilusión!) y 'hacerme caso'.

Hace poco me empecé a interesar en una persona y no pude terminar de interesarme (porque simplemente no me llenaba del todo, como lo dije antes) y dentro de poco, una amiga me quiere presentar a una amiga suya... será esta el clavo? es lo q me pregunto cuando empieza a interesarme una mujer algo más en serio... Ojalá suceda algo, y creo que sería por mi propio bien.

Quasimodo.

jueves 23 de octubre de 2008

El errante se encuentra con el Ermitaño (y aún así quiere contarlo...)


Cuando el Ermitaño terminó de decirme que el principal impedimento que tenía para triunfar era yo mismo me sentí extraño. ¿Qué carajos hacía entonces? Lo miré con una expresión como quien le pregunta a otro: ¿y ahora?

- Por qué me miras así? Acaso no te diste cuenta ya de eso? o esperabas dentro de ti que alguien más te diga lo que tú ya sabías.

Yo segía parado delante de él anonadado ¿Acaso esperaba esas preguntas? ¿No es que yo venía a recibir respuestas, mas no cuestionamientos? ¿Acaso yo sabía ya eso? ¿Acaso nunca quise darme cuenta de ello? El Ermitaño terminó de servirme una infusión y continuó diciendo: No te asustes, siempre el primer golpe duele más, sobre todo porque no te lo esperabas, seguro.

- A decir verdad yo siempre, como lo dijo antes, he querido hacer algunas cosas, pero en muchos casos, no las terminaba...
- Y eso también incluye a lo de la mujer que amas - me interrumpió de pronto, cortándome lo que quería decirle y hasta el aliento... ¿que tiene que ver en esto la mujer que amaba? Que yo tenga memoria, actualmente, no amo a ninguna mujer...
- No, esa es otra histora - le dije con un aire triunfante (y aunque no tenía motivo para ello), no lo sabía todo de mi.
- ¿Aún crees que no puedes gustarle a ninguna chica porque no le gustaste a la chica que te gustaba en la primaria? - retiro lo dicho anteriormente, ¿Cómo es que yo a veces ni me acuerdo de ello y él sí lo sabía? ¿Por qué tenía que tocar esto ahora?
- Todo tiene sentido y está ligado, si te pones a pensar bien...
- Explíquese - siempre pensé que algo de sentido había en todo ello, pero que esté ligado?
- Explícate tú... revisa aquella parte de tu vida y date cuenta qué es lo que estás haciendo... te darás cuenta entonces que tu baja autoestima es, en parte porque le das mucho sentido a ese hecho de tu vida en particular.
- ¿Usted lo cree? - como les dije, algo de sentido tenían algunas cosas, quería que alguien más me diera la razón de ello
-No lo creo, estoy seguro de ello... y otra vez no estás seguro de lo que sientes, quieres mi confirmación sobre algo que tu tienes muy claro.

Es cierto, muchas cosas han pasado en mi vida y, es muy probable, que le esté dando demasiada importancia a algunas cosas que, quizás, no lo merezcan. Es probable también que le dé importancia a opiniones de gente que no tienen mucha relevancia en mi vida. Si algo puedo ir concluyendo hasta ahora es que... carajo, necesito cambiar!
- No necesitas cambiar del todo, la cosa no es así de radical, además la gente que te quiere, lo hace así como te conoce. No necesitas deshacer lo que ya hiciste, pues es parte del camino que tienes que recorrer para llegar a ser feliz... Si te pones a pensar bien,  por lo poco que te conozco - ¿Poco que me conoce? como será si me conociese mucho, no quiero imaginarme, jeje...- Haz tenido suerte en muchos aspectos, haz llegado a tener cosas que otros con más tiempo vivido aún no lo han conseguido....
- Tiene razón... - le dije aún masticando lo que me estaba diciendo...
- No necesitas que yo te diga todo esto, pues muchas de lo que ya te dije y lo que tengo por decirte ya lo sabías... déjalo aflorar, déjate a ti mismo ser tú. Yo sé que tienes aún sueños, anda sal y realízalos. Sé que tienes a alguien en tu mente y en tu corazón... anda dile que no puedes dejar de pensar en ella y que tu corazón suena más fuerte cuando oyes su nombre...
- ¿Pero como saber que es ella la indicada? - pregunté algo inquieto
- ¿Quien en la vida sabe lo que aún no se ha escrito? - me devolvió la inquietud - Si te tienes que equivocar, pues es un riesgo que tienes que asumir y aprende de ello... Una vez tu le dijiste a una amiga tuya que una persona inteligente aprende de sus errores, mientras que una tonta se trauma con ellos.. ¡Vaya paradoja! un tonto como tú diciéndole a otra persona que sea inteligente ¿eso quisieste decirle? Estoy seguro que no. Tu palabra fue muy sabia y sabes que lo sigue siendo, pero es necesario algo en ti... que te la creas. Esa es la lección que tienes que aprender de todo esto...

Terminé de dar el último sorbo de la infusión, mientras el Ermitaño me decía las últimas palabras de la tarde... No las tomé como sermón, probablemente muchos no acepten que una persona les diga lo que aquel Ermitaño me dijo, pero creí que si sabía de mi lo que demostró saber, cierto crédito le debía dar. Me dio una palmada en el hombro, me hizo pner de pie y me señaló la salida con una sonrisa en los labios.

- No es necesario que te diga más cuando lo que tienes que hacer ahora es poner en prácica lo que ya sabes... Vuelve a visitarme cuando hayas dado ya algunos pasos en la tarea de ser tu mismo. Tú sabes como, sólo tienes que creerte y quererte...

Nunca más volvi a ver al Ermitaño después de aquel momento, con la sonrisa dibujado en el rostro, decidí partir de aquel lugar... ¿es posible que ya sepa todo para ser feliz? creo que sólo es necesaria una cosa (al menos en mi caso) para descifrar la moraleja de mi vida (y quien sabe si quizás la suya, estimado lector) creérsela... Ah! y no perder tiempo en vanalidades (aunque a veces sean necesarias).

Quasimodo.

martes 14 de octubre de 2008

El errante se encuentra con el Ermitaño (y vive para contarlo...)


Esta es una de aquellas noches en las que uno se echa en la cama con ganas de dormir. Sin embargo, cuando existe algo en tu cabeza que da vueltas y, por más que lo intentes, no puedes conciliar el sueño, es mejor ocuparte primero de ello si es que de veras tienes ganas de dormir.

Estaba caminando cuando de pronto, algo mágico llamó mi atención... Sin saber bien lo que era, decidí acercarme a aquel sujeto que estaba de espaldas a mi, en un lugar por donde mucha gente pasaba y nadie se detenía.

- ¿Así que llegaste? - fue lo primero que dijo, como sabiendo de mi llegada...
- ¿Cómo supo que estaba yo aquí? - pregunté temeroso e inquieto por saber la respuesta.
- Lo sé porque eres la única persona por la que estuve esperando todo este tiempo - me dijo confiado, aún sin mostrar su rostro - pasa, toma asiento... tenemos mucho de que hablar - concluyó.

Quedé sorprendido ante sus palabras y su seguridad. Vacilé un poco antes de entrar a sus aposentos - Vamos muchacho, sé que tienes varias inquietudes, varias cosas en la cabeza de las cuales podríamos discutir un poco... no te preocupes por el tiempo, tenemos todo el que estimes conveniente. Decidí entrar.

- ¿Cómo supo que yo iba a llegar? - pregunté aún receloso.
- Tarde o temprano ibas a hacerlo... para bien o para mal, me encontraste ahora... siempre estuve dispuesto a atenderte; sin embargo creo que tu no a preguntarme.

¿Que no estuve dispuesto a preguntarle? ¿a preguntarle qué?, para empezar: ¿Tenía algo que preguntarle a un tipo que no conocía y que se supone que sabía que yo iba a llegar?. A lo mejor, pensé, ese era el floro que le metía a todo aquel que pasara por ahi y se detuviera un rato, incluso a aquellos que no tuvieran la más mínima intención de quedarse a escucharlo o a hablar con él.

- Si se supone que sabe tanto ¿Por qué es que estoy aquí, delante de usted? - pregunté desafiante.
- Muchacho, esa pregunta sólo te compete a ti responderla...
- Pero... - intenté increpar, mas el Ermitaño continuó como si no se percatara que intentaba decir algo.
- Te conozco lo suficiente como para decirte que hay noches en las que no logras conciliar el sueño, que te sientes decepcionado de algunas personas al punto de darte por vencido y que aún no encuentras el coraje para enamorar a la mujer de la que creíte enamorarte... - al terminar de decir esto, dibujó en su rostro una sonrisa de autosuficiencia. ¡Carajo! realmente sentí en ese momento que me conocía.

Muy pocas personas, a lo largo de mi vida me dibujaron de cuerpo entero 'casi' a la primera. La primera fue una chica de mi edad con la que entablé algo más que una relación de 'sólo una noche', y aunque actualmente no sepa nada de ella, en aquella oportunidad realmente me sentí desnudo ante alguien. La segunda oportunidad, qué duda cabe, me está sucediendo en este preciso instante con este Ermitaño.

- Haz retomado el hábito de la lectura, no es así? - preguntó en tono amable
- Este... sí - respondí aún sin salir de mi asombro
- Me parece bien... - me dijo recién volteándose a darme la cara - sin embargo - continuó - no te percibo tan convencido de lo que haz leído... ¿Qué sucede?
- ¿Cómo que no estoy convencido de lo que he leído? no le entiendo - regunté.
- Probablemente te hayan gustado las historias que te contaron esos libros, muy buenos por cierto; sin embargo creo que no estás haciendo lo más importante...
- ¿Lo más importante? ¿A qué se refiere? - pregunté algo inquieto, lo acepto, no entendía bien su cuestionamiento hacia mis recientes lecturas...
- ¿Qué es lo queda cuando terminas de leer una fábula como las que leías en la primaria? -me preguntó tratando, ahora lo entiendo, de mostrarme el camino a la respuesta.
- La moraleja - respondí, con algo de duda... ¿Es que podía acaso haber algo más?
- Ay hijo mío! ¿Por qué tanta duda en tu respuesta? - me increpó en el tono más dulce (¿se podía increpar en tono dulce? ahora creo que si) - primer paso - continuó - es que tu mismo 'te la creas'.
- No es la primera vez que alguien te dice que tienes todo para ser exitoso, sin embargo, tu principal impedimento (como en casi todas las personas) se encuentra dentro de ti - me dijo muy tranquilo.

[continuará...]

Quasimodo.