- Personas con las que definitivamente sabes que no va a pasar nada.
- Aquellas con las que ves factible por ahí una noche de diversión; y
- Otras con la que piensas q puede prestarse para algo más, incluso (han habido casos) hasta algo lo que se podría considerar serio.
Como estereotipos que son, fácilmente los hechos nos pueden demostrar qué tan equivocados estábamos, en el caso que así sea. En este post no busco ejemplificar cada uno de estos estereotipos, sino en cómo las coincidencias juegan a favor o en contra de lo que nos motive a etiquetar a alguien.
Éste era el caso de una chica y un chico que se conocieron en un matrimonio y aunque esa noche no pasaron de conversar y bailar por mucho rato juntos; cada quien se veía uno al otro como posible chico/chica con la que la figura de la 'relación seria en un futuro no muy lejano' sería la más coherente según las circunstancias que los rodearon y las acciones q ambos siguieron... Como era de esperarse en una fiesta, ambos bailaron mucho juntos y también con otras personas; llegaron a conocerse bastantes cosas el uno del otro, aunque también llegaron a conocer y a 'etiquetar' a muchas otras personas.
Se dejaron sus teléfonos y se prometieron el uno al otro llamarse luego; sin embargo ambos fallaron, creo, en dar el 'flirteo inicial’ aquel que diera inicio a las acciones. ¿Pues a que me refiero? Que ambos pensaban q eran los 'chicos diferentes' de la fiesta como para demostrar más de lo que un primer contacto exigía, según sus mismos patrones. Que ambos hicieron alguna especie de contacto no hubo duda, pero nadie quería 'malograr' aquella conexión que, creían, habían establecido aquella noche.
Se mensajeaban cositas lindas, se prometían mucho en sus llamadas, salían y la pasaban mostro; pero… nadie demostraba un real compromiso hasta entonces. Por alguna extraña razón, ambos estaban seguros que aquella otra, era la persona indicada; pero también, por cosas que sólo ellos podrían explicar, ninguno se la creía.
Era un viernes por la noche y habían terminado de hablar por teléfono, estaban cada uno más seguro que nunca que el otro era la persona por la que sentían un feeling especial y estaban dispuestos a dar aquel siguiente paso que, quizás, por mucho tiempo estuvieron postergando. Antes de despedirse y desearse buenas noches, prometieron encontrarse el martes, salir al cine y de ahí al fridays que estaba cerca para tomar algo. Todo estaba planificado de la manera que ellos querían, sea por un lado la declaración y por el otro, la aceptación a estar juntos oficialmente.
Lo que ninguno se dijo a través del teléfono, era que cada uno había decidido darse una especie de despedida, por decirlo de alguna manera. Cada uno tenía planes y todo estaba planificado hasta el milímetro: procurar que el grupo de amigos no se mezclen y que los lugares a donde vayan aquella noche quedasen en lugares lo más alejados posible. Se jugaban sus últimas cartas y bajo ninguna circunstancia, había lugar a equivocarse.
La noche transcurrió perfecta para ambos; y si bien es cierto por algún momento los inquietó aquel sentimiento de culpa -en aquel momento ambos debían estar en casa, una agripada y el otro con migraña-, los furtivos besos con sus agarres de turno -los últimos, se lo habían prometido a si mismos-, cual ungüento, hacía la finta de aliviarles aquella caprichosa molestia. Decidieron, cada uno por su cuenta y ya siendo casi las 4 de la mañana, terminar la noche a lo grande. Él conocía el hueco perfecto; ella iría al departamento de él. Todo estaba saliendo bien…
Él se encontraba delante de la puerta principal del edificio donde se había llevado a cabo la reunión con la gente de su trabajo y antes de salir decide agarrar con la chica con la que iba a campeonar, minutos más tarde quizás, en un hotel que sólo él conocía. De pronto llega un taxi que los ilumina de lleno –pero eso era lo que menos a él le importaba en ese instante- y de su interior salió una pareja, agarrados de la mano con todos los quecos que se hace una pareja algo entrada de copas y con ganas de seguirla en privado. Era ella.
Apenas y llegaron a cruzarse miradas pero se identificaron de inmediato: no podían ser más piñas -se dijeron cada uno para si mismo- y en ese instante la magia de la noche entera y su dizque perfección se fue a la mismísima mierda. No se dijeron nada, sus miradas de decepción (aunque disimuladas a más no poder) lo decían todo. Los 2 se sentían pésimo a partir de ese momento. Ella fingió jaqueca y no llegaron a consumar nada; a él ni siquiera se le paró y quedó en ridículo; sus cabezas –y corazones- estaban en otra. Hasta ahora, ambos miran sus respectivos teléfonos y ninguno se atreve a llamar al otro. Quizás se resignan a vivir con la idea que –aunque por unos días- encontraron a su alma gemela y fue lindo, pero que se quedan tan solos como nacieron, pues murieron en su ley (y quién sabe, quizás hasta se lo merecían)…
Quasimodo.
1 comentario:
no jodas ps, chapar en la calle con tu agarre que buena jajajaj mas monse...
solo queda llamar y arriesgar ps, hacerte el webas y seguir como si eso no paso o no era importante, total todavía no estaban oficialmente jajaja taban en despedida de agarres.
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