jueves, 10 de abril de 2008

No nací para violinista...


Si de algo puedo estar seguro en esta vida, es justamente lo que puse en el título de este post. Es más, afirmo rotundamente que es algo que DETESTO (si, con todo y sus mayúsculas). Entiendo que haya personas que, a través de otras, quieran conocer a unos terceros e buscar que involucrarse con ellos, mas lo que no justifico en absoluto es el hecho que esta persona que está en medio sea testigo presencial de aquel encuentro entre 2 reverendos desconocidos. Allá ellos a quienes le guste el maltrato y lo acepten. Conmigo no cuenten para ello definitivamente.

A esta chica, llamémosle G, la conocí en la universidad, hace ya algún tiempo. Tenía hasta 2 clases conmigo y de un momento a otro empezó a llamarme la atención. Creo que yo también a ella pues la comunicación entre nosotros empezó a fluir casi naturalmente. En esa clase, cabe mecionar que por no ser de mi especialidad, no tenía muchos conocidos, salvo un pata J y bueno, ahora también G.

A J lo conocí porque él me había pedido estudiar juntos cuando él desaprobó la primera práctica y yo había tenido una nota lo suficientemente aceptable como para que alguien que estaba más perdido que Adán en el día de la madre me pida ayuda. J siempre tuvo un comportamiento muy parco con los demás, incluso con la misma G, con quien no hablaba cuando formábamos grupo de estudio los 3, a pesar de los intentos de ella por caerle bien.

Cuando me empezó a gustar G, buscaba motivos para verla; motivos que ella tampoco evadía (algo que, a mi concepto, hablaba bien de ella) aunque nunca llegamos a salir, lamentablemete siempre tenía alguna ocupación (me consta que, al menos un par de veces eran ciertas) y nunca llegamos a consumar lo que yo consideraba una verdadera cita.

Al finalizar el ciclo, un jueves G me dijo para salir el sábado al cine, de ahi a comer y luego a bailar (en ese momento creí en Dios!) porque los 3 (incluyendolo a J) habíamos salido bien; me dijo, además, que le pase la voz a J y que ella llevaría a una amiga extra. Ya decía yo, demasiado perfecto para ser verdad aunque el salir 'en parejas' era un avance considerable en mi afán por ella. Qué considerada resultó siendo, además para que lleve a una amiga para J, al menos con eso, creía yo, podría ganarse su simpatía. J aceptó el salir el sábado con nosotros, aunque no se le notaba muy entusiasmado al inicio, cambió de pronto cuando le dije que G llevaría a una amiga con ella (obvio que le dije que esa amiga era para él).

Llegado el día, yo llegué puntual (habíamos quedado en encontrarnos a las 8 en la puerta del cine) cuando a los 15 minutos llega J y pasados otros 15 minutos más, G sola -¿y su amiga?. G argumentó que su había le había jurado y rejurado que llegaba, aunque probablemente surgieron algunos problemas que hicieran que ella se retrace un poco. No quedaba otra que esperar nomás. J tuvo ganas de comprarse un puchito mientras esperábamos a la amiga de G y fue entonces que empezó la serie de sucesos desafortunados... G se ofreció entonces a acompañarlo porque se le había antojado algo de picar y, sin siquiera consultarme si yo quería algo, agarró del brazo a J (algo que en un primer momento lo incomodó aunque luego, haciendo un movimiento de 'ya que importa' con los hombros) concentía tal arrebato de confianza y se fueron los 2. Al consultarle a G que cómo era su amiga para esperarla, sólo alcanzó a decirme a lo lejos: ahorita venimos.

Se estaban demorando mucho (en verdad comprar un pucho y un chizitos no debería tomar más de 5 minutos y ya iban 10!!!) así que opté por llamar a G, ella me contestó diciendo que a su amiga se le había hecho imposible asistir al plan asi que, uno de nosotros 2 tenía que estar haciéndola de violinista aquella noche. 'Pobre J' -pensé. Al regresar, optamos por comprar las entradas al cine, todo hasta ahí normal. Luego del cine surgió la idea de ir a comer y luego a bailar, plan que en al momento de ser propuesto me pareció bueno, sin embargo la noche me aguardaba sorpresas cada vez más indeseadas (por no decir desagradables).

Poco a poco la cosa se fue degradando (al menos para mi), todo empezó porque sólo ellos se buscaban el diálogo, dejándome a mi la tarea de hacer los pedidos, reclamar más servilleta y demás. Todo estaba llegando a su tope; así que al momento de terminar la cena e ir a la disco (a mi me mandaron al asiento de adelante mientras ellos 2 se sentaron muy risueños en el asiento trasero) y llegado al lugar en cuestión, me puse mal del estómago (acaso algo que habré comido???). Obviamente no se me ocurrió algo mejor, así que decidí despedirme de ellos en el acto, tratando de salvar la poca dignidad que aún me quedaba. No quería seguir participando de esta teatrucho donde me tocaba hacer el papel de aquel que muere a manos del príncipe azul sólo para beneplácito de la princesa. No señor...

No volví a saber de ellos hasta ahora, sin embargo hoy, mucho más maduro al respecto, me pregunto ¿qué le ví a esa chibola? y sólo me queda desearles a los 2 que les haya ido bien, y si les fue mal... piña pues (que malo que soy, jejejeje...).

Quasimodo.

1 comentario:

karivit dijo...

que bonito tu blog! :) me gustó mucho.

Sobre lo de Operación Sonrisa entré a la página y en cómo ayudar sale que des dinero y no entiendo cuando me dices campaña, que sería lo que haría :) resuelve esa duda porfis!

Saludos
Karina Canales