
Hay cosas que uno quisiera dejar de hacer, pero no lo hace...
Hay recuerdos que bien pudiera olvidar, pero no puede...
Hay personas que quisiera enterrar, pero las necesita 'ahí' para mantenerse vivo...
No, ésta no es una entrada de mi mesita de noche (que por cierto, hace mucho no actualizo) pero las líneas arriba escritas sintetizan aún lo que siento por una personita a la que recuerdo con cierto 'cariño'; aunque son completamente libres de pensar que en verdad es todo lo contrario, y es que como dicen que del amor al odio hay sólo un paso... Aunque yo a veces siento que me encuentro a mitad del camino.
A ella la conocí de pura casualidad (aquellas en las que uno termina diciéndose: 'qué coño hacía ahí???'), pues resulta que mi jefe me había encargado que tome el examen de ingreso a los practicantes que querían formar parte de la empresa que en aquella oportunidad yo laboraba y quien se supone que lo tenía que hacer no había llegado aún. Recogí los exámenes de la oficina de ese alguien que los iba a tomar y me dirigí a la sala de reuniones, que era donde estaban todos ellos esperando. Al ingresar al lugar procuré estar indiferente ante los cachorros (como así llamábamos a los postulantes en aquella empresa), intenté mas no pude. Uno se da cuenta cuando alguien lo mira con un especial interés, siente una especie de cosquilleo en la nuca, que invita a voltear y buscar aquella mirada. De inmediato la encontré.
Ella es N, así decía en la hoja de su examen (al menos el procedimiento de pedirle su nombre ya lo había dado por superado), y percibí en ella un especial interés mientras lo resolvía. Me entregó su examen más rápido que los demás y con una sonrisa muy singular (hace tiempo que no veía una sonrisa tan limpia y tan 'dirigida a mi') lo cual, no puedo negarlo, me impactó al instante. N me preguntó mi nombre (lo cual también es inusual y despertaba aquella curiosidad por ella). Se lo dí, obvio, no?
Tiempo después supe que logró ingresar a la empresa, logrando un puntaje técnico bastante alto y superando sin problemas las entrevistas. Una de las mayores sorpresas para mi fue el día en que N fue asignada al misma área que yo. En la presentación sentí de nuevo aquella misma sensación como cuando ingresé a la sala de reuniones a examinar a los cachorros. Seguía uno a uno a los ingresantes y cuando llegué a N, nuestras miradas al cruzarse se quedaron estacionadas un buen rato, ella me levantó la mano saludándome y me mostró aquella misma sonrisa que me había mostrado en el examen. Me la estaba empezando a creer...
Ella se sentaba a pocos sitios del mío, y siempre percibía yo un especial comportamiento de ella para conmigo, lo que creí conveniente responderle con un 'comportamiento especial' de mi parte. Cuando menos me di cuenta, no podía pasar el día sin siquiera verla, sentía una 'necesidad' de hablarle y hasta empecé a llevar comida (ella lo hacía) para almorzar con ella. Empezábamos a intercambiar correspondencia (primero por correo de la empresa, luego por nuestros correos personales); hasta le llegué a prestar mis libros, aquellos que jamás llegué a prestar por temor a que nunca me los devolvieran. Había cambiado tan rápido que no me había dado cuenta. Siguiente paso: invitarla a salir...
Siempre me mostré atento y caballero (y es que lo soy), esta vez era especial: me sentía con un motivo para serlo y ella -percibía yo- me correspondía los gestos. Un día en el que a ella le tocaba ir a su universidad, y en el que yo me encontraba armado de valor, me ofrecí a acompañarla (usando el viejo pretexto: 'estoy de camino'), invitación que ella no reprochó en absoluto. Me dije entonces que era mi oportunidad (¿quizás era muy pronto?, había pasado poco más de un mes de conocerla) de decirle que me gustaba y quería proponerle la posibilidad de 'cortejarla' (sé que eso no se estila mucho hoy en día pero es que soy algo 'chapado a la antigua'). Me moría de miedo pero opté por tomar al toro por las hastas, así que cuando bajamos del taxi (obvio, lo pagué yo y no dejé que ella me de siquiera una parte) y antes de despedirnos la miré fijamente a los ojos... Antes que pudiera pronunciar palabra alguna, ella empezó a decir: 'Quasimodo, sólo quiero decirte una cosa: si lo que pretendes es enamorarme, déjame decirte que pierdes tu tiempo'.
Creo que la cosa fue tan rápida y fulminante que, como sucede en la película Sexto Sentido, yo todavía no me la creo y camino cual alma en pena por el mundo. En ese momento atiné a darle un apretón de manos y -lo creí conveniente en ese momento- agradecerle por el hecho de haber sido una ilusión para mi -siguiendo en la línea de la caballerosidad- a lo que ella agregó: 'No tienes que agradecer nada, así soy con todos mis conocidos' y con eso terminó por quitarme todo, aquella extraña y ahora añorada sensación de ser especial para alguien. Me sentí como en la película Jocker cuando destrozan el corazón del payaso -porque en ese preciso instante yo fui como aquel triste payaso...
Hoy por hoy ya no trabajo en aquella empresa, aunque de vez en cuando me autoflajelo entrando al site donde puedo observar su foto en la lista de staff (donde curiosamente yo también aparezco) y preguntarle en silencio: ¿Qué fue lo que hice mal?
Hay recuerdos que bien pudiera olvidar, pero no puede...
Hay personas que quisiera enterrar, pero las necesita 'ahí' para mantenerse vivo...
No, ésta no es una entrada de mi mesita de noche (que por cierto, hace mucho no actualizo) pero las líneas arriba escritas sintetizan aún lo que siento por una personita a la que recuerdo con cierto 'cariño'; aunque son completamente libres de pensar que en verdad es todo lo contrario, y es que como dicen que del amor al odio hay sólo un paso... Aunque yo a veces siento que me encuentro a mitad del camino.
A ella la conocí de pura casualidad (aquellas en las que uno termina diciéndose: 'qué coño hacía ahí???'), pues resulta que mi jefe me había encargado que tome el examen de ingreso a los practicantes que querían formar parte de la empresa que en aquella oportunidad yo laboraba y quien se supone que lo tenía que hacer no había llegado aún. Recogí los exámenes de la oficina de ese alguien que los iba a tomar y me dirigí a la sala de reuniones, que era donde estaban todos ellos esperando. Al ingresar al lugar procuré estar indiferente ante los cachorros (como así llamábamos a los postulantes en aquella empresa), intenté mas no pude. Uno se da cuenta cuando alguien lo mira con un especial interés, siente una especie de cosquilleo en la nuca, que invita a voltear y buscar aquella mirada. De inmediato la encontré.
Ella es N, así decía en la hoja de su examen (al menos el procedimiento de pedirle su nombre ya lo había dado por superado), y percibí en ella un especial interés mientras lo resolvía. Me entregó su examen más rápido que los demás y con una sonrisa muy singular (hace tiempo que no veía una sonrisa tan limpia y tan 'dirigida a mi') lo cual, no puedo negarlo, me impactó al instante. N me preguntó mi nombre (lo cual también es inusual y despertaba aquella curiosidad por ella). Se lo dí, obvio, no?
Tiempo después supe que logró ingresar a la empresa, logrando un puntaje técnico bastante alto y superando sin problemas las entrevistas. Una de las mayores sorpresas para mi fue el día en que N fue asignada al misma área que yo. En la presentación sentí de nuevo aquella misma sensación como cuando ingresé a la sala de reuniones a examinar a los cachorros. Seguía uno a uno a los ingresantes y cuando llegué a N, nuestras miradas al cruzarse se quedaron estacionadas un buen rato, ella me levantó la mano saludándome y me mostró aquella misma sonrisa que me había mostrado en el examen. Me la estaba empezando a creer...
Ella se sentaba a pocos sitios del mío, y siempre percibía yo un especial comportamiento de ella para conmigo, lo que creí conveniente responderle con un 'comportamiento especial' de mi parte. Cuando menos me di cuenta, no podía pasar el día sin siquiera verla, sentía una 'necesidad' de hablarle y hasta empecé a llevar comida (ella lo hacía) para almorzar con ella. Empezábamos a intercambiar correspondencia (primero por correo de la empresa, luego por nuestros correos personales); hasta le llegué a prestar mis libros, aquellos que jamás llegué a prestar por temor a que nunca me los devolvieran. Había cambiado tan rápido que no me había dado cuenta. Siguiente paso: invitarla a salir...
Siempre me mostré atento y caballero (y es que lo soy), esta vez era especial: me sentía con un motivo para serlo y ella -percibía yo- me correspondía los gestos. Un día en el que a ella le tocaba ir a su universidad, y en el que yo me encontraba armado de valor, me ofrecí a acompañarla (usando el viejo pretexto: 'estoy de camino'), invitación que ella no reprochó en absoluto. Me dije entonces que era mi oportunidad (¿quizás era muy pronto?, había pasado poco más de un mes de conocerla) de decirle que me gustaba y quería proponerle la posibilidad de 'cortejarla' (sé que eso no se estila mucho hoy en día pero es que soy algo 'chapado a la antigua'). Me moría de miedo pero opté por tomar al toro por las hastas, así que cuando bajamos del taxi (obvio, lo pagué yo y no dejé que ella me de siquiera una parte) y antes de despedirnos la miré fijamente a los ojos... Antes que pudiera pronunciar palabra alguna, ella empezó a decir: 'Quasimodo, sólo quiero decirte una cosa: si lo que pretendes es enamorarme, déjame decirte que pierdes tu tiempo'.
Creo que la cosa fue tan rápida y fulminante que, como sucede en la película Sexto Sentido, yo todavía no me la creo y camino cual alma en pena por el mundo. En ese momento atiné a darle un apretón de manos y -lo creí conveniente en ese momento- agradecerle por el hecho de haber sido una ilusión para mi -siguiendo en la línea de la caballerosidad- a lo que ella agregó: 'No tienes que agradecer nada, así soy con todos mis conocidos' y con eso terminó por quitarme todo, aquella extraña y ahora añorada sensación de ser especial para alguien. Me sentí como en la película Jocker cuando destrozan el corazón del payaso -porque en ese preciso instante yo fui como aquel triste payaso...
Hoy por hoy ya no trabajo en aquella empresa, aunque de vez en cuando me autoflajelo entrando al site donde puedo observar su foto en la lista de staff (donde curiosamente yo también aparezco) y preguntarle en silencio: ¿Qué fue lo que hice mal?
Quasimodo.
1 comentario:
Estimado QUasi, aunque ya deberia ser casi..agarre, casi...novio, casi.. la conquistas..
Le sugiero que tenga parejas temporales, sin comprometerse mucho, por mas que no estes enamorado, se que va contra lo que quieres pero serio man, tener flaca no es tranca pero tu ya quieres que sea el amor de tu vida. La tratas como si fuera ya tu flaca eso se hace despues ps sanooo. te digo para que sepas diferenciar, sepas como son de jodidas in situ, ganarles la partida intuir cuando una flaca esta intersado en uno y cuando solo es amable.
Otra cosa, eso de que yo soy un caballero, yo pago, yo la trato, es innecesario que lo digas al menos para mi, nadie esta calificando
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