
De pronto el mundo empezó a cobrar sentido de nuevo cuando, delante de la boletería del cine, el encargado me hizo la pregunta de rigor: "¿entrada para uno?". Dudé por un instante, hasta que finalmente me me pregunté: "¿eso me importa a estas alturas?, ¿sería bueno llamarla de nuevo?". Miré nuevamente al boletero y conté rápidamente mis ferros para poder dar la respuesta final: "Tengo que atender una llamada urgente, ya regreso...".
Sé que puede resultar lo más estúpido que pude haber contestado en ese momento pero, más allá de cuestionarme mi incuestionable soledad en la boletería del cine, el motivo por el que contesté de esa manera fue que me faltaba 1 sol cincuenta para llegar a la entrada mínima, la otra opción era usar la tarjeta de crédito pero, ¿por siete soles cincuenta? creo que no era un motivo que lo apremie, así que opté por salir de la cola e ir a buscar el cajero más cercano y retirar lo suficiente para la entrada y la canchita.
Al inicio del día todo pintaba de maravillas, por alguna razón lo sentía diferente y tenía motivos para creerlo; por obra y gracia del espíritu santo me había despertado más temprano que de costumbre, había tomado un buen desayuno sin tomarme mucho tiempo y había llegado temprano al trabajo sin haber tomado taxi. El principal motivo era que había quedado en salir al cine con una de las chicas más lindas que pudiera llegado a conocer, y eso me llenaba de cierta impaciencia y satisfacción a la vez. El día, por ese motivo, tuvo un brillo diferente.
Poco a poco se acercaba la hora de la cita y mi corazón empezaba a hacerse escuchar cada vez más fuerte, mis manos empezaban a sudar de pronto (síntoma inequívoco de ansiedad) y los minutos pasaban cada vez más lentos. Todo lo que siempre sucede cuando sueles esperar algo que consideras importante y decisivo. Y es que para aquella noche me había propuesto tomar al toro por las astas y hablarle de algunas cosas que consideraba de suma importancia, de ello dependería si me seguía ilusionando con ella o si la seguía viendo tan lejana como hasta ese entonces sucedía.
Al salir de la cola del cine, caminé pensando primero en dónde estaría el cajero más cercado, segundo en por qué "aquella chica" no me había contestado ninguna llamada durante el día. El primer pensamiento se fue disipando conforme me iba acercando a un banco, mientras que el segundo cada vez se hacía más fuerte, así que decidí hacerle una 'última llamada', después de esa, de no contestarla, me había prometido no volver a pensar en el tema y disfrutar de la película.
Ella contestó al tercer timbrado, sin esperar mucho y quizás 'madrugándome' ella se empezó a disculpar. El asunto para mi estaba claro, no iba a llegar y el motivo me tenía sin cuidado -no era la primera vez que me plantaban, así que cualquier excusa fácil ya la había escuchado antes-. Lo único que atiné a decirle sin pretender ser grosero fue 'hubieras avisado siquiera no? Bueno,te dejo, estoy a punto de llegar a la boletería y además no te escucho muy bien. Cuidate mucho'.
No reparé mucho en mi nueva situación para aquella noche. La película merecía ser vista aunque sea solo, así que me dirigí nuevamente a la ventanilla del cine dispuesto a no hacerme roche sobre la respuesta al boletero, no me importaba ya nada. Desde hace un tiempo me propuse bajarme uno a uno a mis demonios internos -los malditos son un ejército entero- pero mismo John Rambo confío en que puedo con todos ellos. Es un proceso difícil y largo pero me quiero dar el tiempo para ello. Antes no me gustaba ir al cine solo, pero ahora lo disfruté muchísimo. Gracias a Dios.
Sé que puede resultar lo más estúpido que pude haber contestado en ese momento pero, más allá de cuestionarme mi incuestionable soledad en la boletería del cine, el motivo por el que contesté de esa manera fue que me faltaba 1 sol cincuenta para llegar a la entrada mínima, la otra opción era usar la tarjeta de crédito pero, ¿por siete soles cincuenta? creo que no era un motivo que lo apremie, así que opté por salir de la cola e ir a buscar el cajero más cercano y retirar lo suficiente para la entrada y la canchita.
Al inicio del día todo pintaba de maravillas, por alguna razón lo sentía diferente y tenía motivos para creerlo; por obra y gracia del espíritu santo me había despertado más temprano que de costumbre, había tomado un buen desayuno sin tomarme mucho tiempo y había llegado temprano al trabajo sin haber tomado taxi. El principal motivo era que había quedado en salir al cine con una de las chicas más lindas que pudiera llegado a conocer, y eso me llenaba de cierta impaciencia y satisfacción a la vez. El día, por ese motivo, tuvo un brillo diferente.
Poco a poco se acercaba la hora de la cita y mi corazón empezaba a hacerse escuchar cada vez más fuerte, mis manos empezaban a sudar de pronto (síntoma inequívoco de ansiedad) y los minutos pasaban cada vez más lentos. Todo lo que siempre sucede cuando sueles esperar algo que consideras importante y decisivo. Y es que para aquella noche me había propuesto tomar al toro por las astas y hablarle de algunas cosas que consideraba de suma importancia, de ello dependería si me seguía ilusionando con ella o si la seguía viendo tan lejana como hasta ese entonces sucedía.
Al salir de la cola del cine, caminé pensando primero en dónde estaría el cajero más cercado, segundo en por qué "aquella chica" no me había contestado ninguna llamada durante el día. El primer pensamiento se fue disipando conforme me iba acercando a un banco, mientras que el segundo cada vez se hacía más fuerte, así que decidí hacerle una 'última llamada', después de esa, de no contestarla, me había prometido no volver a pensar en el tema y disfrutar de la película.
Ella contestó al tercer timbrado, sin esperar mucho y quizás 'madrugándome' ella se empezó a disculpar. El asunto para mi estaba claro, no iba a llegar y el motivo me tenía sin cuidado -no era la primera vez que me plantaban, así que cualquier excusa fácil ya la había escuchado antes-. Lo único que atiné a decirle sin pretender ser grosero fue 'hubieras avisado siquiera no? Bueno,te dejo, estoy a punto de llegar a la boletería y además no te escucho muy bien. Cuidate mucho'.
No reparé mucho en mi nueva situación para aquella noche. La película merecía ser vista aunque sea solo, así que me dirigí nuevamente a la ventanilla del cine dispuesto a no hacerme roche sobre la respuesta al boletero, no me importaba ya nada. Desde hace un tiempo me propuse bajarme uno a uno a mis demonios internos -los malditos son un ejército entero- pero mismo John Rambo confío en que puedo con todos ellos. Es un proceso difícil y largo pero me quiero dar el tiempo para ello. Antes no me gustaba ir al cine solo, pero ahora lo disfruté muchísimo. Gracias a Dios.
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