viernes, 17 de agosto de 2007

Ella fue la primera... ¿quizás la única hasta ahora?


Mis queridos lectores, hasta el momento les he contado historias sobre circunstancias curiosas básicamente relativas a chotes y negativas por parte de las féminas a las cuales he afanado en algún momento de mi vida. Este blog se ha caracterizado por contar, quizás con algo de sarcasmo y sorna, ese tipo de historias que seguramente seguirán pues tengo bastante material para ello (tomando como fuente primaria, sobre todo, mi regularmente nefasta vida amorosa); sin embargo en esta oportunidad tengo algo diferente que contarles, algo como 'para variar' un poco.

Sin temor a equivocarme, en una entrada anterior les mencioné mi casi animal debilidad por las chatas de cabello ondulado (aunque eso no excluye cualquier otro 'combo' de características que tenga una mujer, al fin y al cabo me he vuelto tan simplista como cualquier otro ejemplar de mi especie, creo). Pues bueno, como todo hombre en la vida tiene su inevitable cuarto de hora, a mi me tocó alguna vez enfrentarme a mi propio Waterloo.

Ella era chata -un poco más que yo imagínense- y el poseer un buen cuerpo no era su característica más saltante (es más, estaba algo subida de peso, aunque eso era lo de menos para mi), sin embargo y lo que terminó por cautivarme (y aquí va el TIP para las flacas que me quieran afanar alguna vez, jijii...) fue su inteligencia -sobre todo-, sus ojos siempre despiertos y su eterna sonrisa; cualidades que la hacía única para mi -no se ofendan mis queridas amigas, pero jamás he conocido mujer con tal combinación de atributos juntos-.

A Milena la conocí en la pre, aquella época de mi vida -alrededor de 10 meses- en la que me estaba preparando para postular a la Facultad de Medicina de una universidad local -sí, créando, iba a ser médico. Recién bajadito yo, y aún con el sueño de ser médico como mi padrino y mi primo, me inscribí en una academia, cuya preparación era exclusiva para la universidad a la que quería ingresar (al menos así decía la publicidad) sin presagiar lo que vendría en los meses siguientes. No puedo negar que, cuando ingresé la primera vez al salón -creo que hasta llegué un poco tarde-, me quedé algo absorto de tantas chicas simpáticas que me encontré en aquel lugar. De todas ellas, sólo una llamó mi atención en aquel momento, no sabía quién era, pero sentía una mirada por sobre mi hombro que me tenía un tanto intranquilo.

La primera vez que la vi, algo de ella me llamó inmediatamente la atención, quizás aquella vez que enunció su firme deseo de ser la mejor doctora en la primera clase de Anatomía -acto seguido el profesor procuró humillarla delante de todos haciéndola blanco de una broma sarcástica de muy mal gusto a mi parecer-. Logró hacerla sonrojar del roche -algunos energúmenos se rieron como monitos imitando a aquel sujeto que en ese momento era cualquier cosa menos profesor. Me sentí conectado con ella de alguna forma. Pude ver en ella, a pesar de su tamaño, una grandeza como no lo había visto en ser humano alguno en una situación como esa. Me encantó.

La primera vez que hablé con ella, sentí en ese momento que era su voz la única que quería escuchar en adelante, en ese momento me inventé cualquier tema de conversación para que no dejara de hablar. Fue ella quien inició la conversación conmigo en aquella oportunidad; estoy seguro que, si es que siguieron las entradas anteriores de este blog, pueden darse cuenta que como galán soy buen ingeniero.

Si de algo me arrepiento en este momento es el nunca haberle llegado a decir que me gustaba, aunque así hubiera querido hacerlo con la mirada en más de una ocasión. Jamás supe, por consiguiente, si llegué a gustarle siquiera un poco. Dicen que cuando deseas algo con todo el corazón el universo conspira para que ello suceda y en mi caso puedo decir, al menos en ese caso, que así fue. Terminando el verano en la academia, mi madre me sugirió -muy al estilo de las madres- que me matriculase en la Pre que tenía la facultad que buscaba. Tal fue mi sorpresa al encontrar a Milena unos sitios delante mío en la cola de ingreso el primer de clases. Mi corazón no dejó de saltar en aquel momento y -aunque hacía un frío de mier...- no dejé de sonreir en todo el día.

Ella ingresó a la universidad por esa vía alcanzando una vacante entre las centenas de postulantes y yo, ingresé a Informática en la San Ignacio. Nuestros caminos se separaron en aquel momento y sólo Dios sabe si en alguna oportunidad la casualidad me dé la chance de decirle aquello que no pude hacerlo en su momento.

Hace unos meses, en un bar con un viejo amigo del colegio y acompañado de un par de cervezas, nos quedamos sorprendidos por la exhuberancia de una morena que ingresó a dicho establecimiento, entonces mi amigo me preguntó: "¿Cuál es tu mujer perfecta?" -asumo que mi semblante cambió notoriamente a alguna expresión aún más estúpida. No tenía que decir palabra alguna, de pronto llegó ella a mi mente tan bella como la veo en el momento de escribir esta entrada. Dije: "el cuerpo es lo de menos, pero quiero que sea inteligente, que tenga una sonrisa hermosa y sepa hacerme reir". Mi amigo me increpó tal respuesta aduciendo que, inconscientemente seguía pensando en ella. En efecto, sí estaba pensando en ella...

Quasimodo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Mi estimado Quasimodo acabo de leer tu blog, está muy bonito, bastante original y creo que en algo tenemos en común, el de tener mala suerte en amor. Pero sé que habrá alguien que valore lo que eres.
En el poco tiempo que nos conocemos me he dado cuanta que eres una persona especial, que vale mucho y mas un muy inteligente que me ha ayudado bastante en informatica, tienes una excelente compresión y dominio de Lunix, a pesar que yo quiero cambiarte a Microsoft xD. Y de todo lo que vales Dios te recompensará.

Al leer tu blog me inspira para escribir pero aclaro que no pretendo hacerte competencia, cada uno tiene su estilo.

Te deseo todo lo mejor y espero que sigas escribiendo y tenlo por seguro que leeré todo (soy tu hincha :D).

Cuídate mi estimado amigo un besito.

Ahí nos vidrios.

ATT
Diosa de Cristal

Ultimas Virgenes dijo...

Qué bueno que valores ciertas cosas que otros no pueden.
Yo también valoro mucho la inteligencia de un hombre antes que su fisico. No podría estar con un bruto. así que te gustan las chatitas de pelo ondulado? jaja