martes, 24 de julio de 2007

Platón, qué fue lo que hiciste?

Hay veces que, cuando jóvenes, y presos por cualquier tipo de timidez llegamos a tener aquello que llamamos "Amores Platónicos". No conozco a nadie que no haya pasado por eso, sea en el, grado que sea y bajo las circunstancias que fuesen. TODOS, y desde luego me incluyo en la lista de los amantes platónicos sin remedio más grandes de mundo, hemos pasado por ello. A veces era una profesora (o profesor, en el caso de las mujeres y uno que otro 'rarito'), a veces el conductor o conductora de algún programa concurso, o también algún cantante o actriz de moda.

Estaba aún en la secundaria, estamos hablando de segundo, cuando la conocí. Ella era algo más alta que yo (me llevaba como media cabeza, o quizás un poco más), no era una gran deportista; pero era una de las estudiantes más destacadas de su salón en aquel entonces, inteligente, una morena de sonrisa limpia y de cabellos rizados (algo por lo que hasta ahora, debo admitirlo, muestro mi más primitiva debilidad). Yo? pues era un remedo de adolescente (habiendo superado esa etapa, puedo decir que ahora soy un remedo de adulto), el más chato de todos en mi salón (siempre lo he sido en lugar donde he estado, a decir verdad y eso me tiene sin el más absoluto cuidado), escondido detrás de unas gafas cuyo vidrio era un completo poto de botella. O sea, la pareja más dispareja que a cualquiera se le puede imaginar. En el salón había ya un pata que era el más alto de todos (le llevaba su buen par de cabezas a Ella) y juntos se ganaron gratuitamente -como suele acostumbrarse en el colegio- el título de pareja, algo que a Ella, particularmente le fastidiaba y no escatimaba esfuerzos en expresarlo. Cabe mencionar que, cuando la conocí, Ella estaba en segundo y yo en cuarto.

A mi, en lo personal, Ella me parecía una chica muy linda, la mejor de su sección y, sin miedo a equivocarme, una de las mejores del colegio. Sin embargo, y debido a obvias diferencias entre nosotros, jamás me animé a expresarle mis sentimientos hacia ella (ok, pueden decirme cuan imbécil fui). Como podrán deducir, tampoco la molestaba con aquel grandulón cuyo pasatiempo era repetir como taradito las únicas palabras que podía recordar en su escaso vocabulario "ya pe chatoooo...!!", en clara alusión a mi. Ella, por el contrario, siempre tenía una actitud atenta conmigo

Se fue y nunca tuvo siquiera indicios de lo que estaba cruzando por mi cabeza cuando cruzábamos miradas una que otra vez, cuando amanecía y así de repente, una imagen de su sonrisa se dibujaba en el firmamento a través de mi ventana. Sentía ese extraño cosquilleo en el estómago cuando estábamos cara a cara y nos tocaba cruzar palabras. Por alguna razón que desconocía, nos arrochábamos cuando estábamos frente a frente. Se fue y, quizás, mi primera decepción amorosa decía 'presente' en mi, hasta ese entonces, 'limpio' historial de fracasos amorosos.

Hace unos días recibí una llama proveniente de un número, para mí, desconocido. Tras unos segundos en completo silencio, de pronto un 'Quasimodo?' se oía del otro lado de la línea. No pude reconocer la voz en aquel momento -'Te acuerdas de mi?'- continuó diciendo la voz, por mi parte no sabía qué decir. Tuve miedo, pensé que lo contestado por mi -'Lo siento, pero me temo que no'- quizás le era muy descortés tras una nueva pausa en la línea. 'Soy Ella, del Cole, recuerdas?'. Mi cerebro recibió, entonces, la orden inconsciente de detener todo mi cuerpo y bombear sangre como loco. Me quedé en silencio y sólo escuchaba los latidos de mi corazón que en cuestión de instantes se había alocado como hace mucho no lo hacía. Era Ella.

Balbuceé en 3 oportunidades antes de poder pronunciar bien su nombre, 'Sorprendido?' -fue entonces su pregunta, la cual también se notaba algo nerviosa-, 'Pues sí, qué puedo decir, me tomaste por sorpresa'. Nuevamente el silencio estaba tomando forma cuando dije 'Y que tal, que estás haciendo?', 'Aquí pues en San Isidro comprando algunas cosas' -dijo ella de pronto- 'San Isidro? No puedo creerte, yo estoy también en San Isidro!' -increpé en el acto, con la esperanza que podamos encontrarnos en ese momento. 'En serio estás en San Isidro? En qué parte?' -dijo ella, una voz de esperanza se encendía y me decía: 'que esté cerca, que esté cerca...' mientras le decía 'Yo? pues a la entrada de La Tienda y tu?', 'Pues dentro, espérame donde estés parado que ya salgo... Qué bonita coincidencia, besos' -terminó diciendo cuando colgó el teléfono de pronto, dejándome diciendo 'Ok, te espero' al sonidito: 'tu... tu... tu...'. Me quedé quieto.

Esperé tan sólo unos minutos cuando de pronto Ella salió, para mi, fue fácil reconocerla, pues su rostro y esos cabellos rizados no habían cambiado en absoluto -como adivinando qué me gustaba de ella, decidió cambiar muchas cosas de su aspecto, menos eso-. Para ella sí le fue un poco más difícil dar conmigo, aunque no tanto, seguía siendo chato, los mismos lentes aunque eso sí, yo había engordado desde aquel época del cole -tema que ella, inescrupulosamente, me lo hizo notar-. Levanté la mano en señal de 'Hey aquí estoy!' y Ella se percató de inmediato. Su rostro dibujaba una mirada tierna -como no veía en mujer alguna hace mucho- y esa sonrisa que jamás olvidaré.

Le ofrecí invitarle un café y a llevarle sus cosas, algo que haría un 'caballerito' como yo. Ella empezó pidiéndose un mocha, yo un capuchino; Ella empezó preguntando qué fue de mi en todos estos años, yo de su vida y por qué dejó de pronto del Colegio (ahí supe que viajó al extranjero contra su voluntad, pues a su papá lo tenían que operar). De pronto, y en un arrebato de confianza Ella me miró a los ojos y me dijo un tanto nerviosa: 'Sabes una cosa? En el cole había un chico que me gustaba... Eras tú'. Me puse pálido como un papel bond y sólo atiné a responder: 'Mira tú, que curiosa es la vida, en ese entonces tú eras mi amor platónico'. Tal fue mi emoción al enterarme de aquello que, por casualidad, golpeé una de las bolsas que Ella traía, de la bolsa salió de pronto un juguete de niño. Ella me miró algo culpable y me dijo 'Es que no habíamos llegado a esa parte de la charla, jeje...' -creo que mi cara estupefacta lo dijo todo, no tuve necesidad de decir palabra alguna ya que de inmediato ella continuó- 'es para mi bebé, va a cumplir su primer año, es un amor y lo mejor de todo, le puse tu nombre' -pobre chibolo!, pensé dentro de mi, ojalá no tenga mi suerte para con las mujeres nada más.

No sabía dónde meterme, mucho menos qué decirle sin ser hiriente -Qué quería, que me haga cargo de ella y de su hijo?-, mas no se me ocurrían otras cosas. Permanecí callado entonces cuando de pronto sonó el teléfono de Ella: 'Si cariño, justo estoy con él... si... ya... ahorita le digo... Te amo.' -¿Te amo? ¿Acaso había algo peor? Dios mío, desmáyame o hazme algo, había tenido demasiada esa noche-. 'Mira Quasimodo, mi esposo viene a recogerme así que seré directa contigo: Quiero que apadrines a mi hijo, fue un deseo tanto de él como mío. Particularmente me gustaría que fueras tu, no me falles por favor...' -'Que te falle yo??? Pero si eres tú quien juega frontón con mi corazón en estos instantes!!!'-. Hasta ese entonces no había pronunciado palabra alguna, para mí todo fue tan lento, como si pasara un año entre palabra y palabra.

Nunca supe de dónde saqué las fuerzas para no mandarla bien lejos, sólo atiné a decir: 'Y... Cuando es?' -ella contestó empeñosa de inmediato- cuando de pronto y por si fuera poco todo lo que me había pasado, escuché acercándose: "ya pe chatoooo...!!" -Ahora si me voy, me dije a mi mismo, qué amor platónico ni que diantres, me voy. Un poco recuperado de la paliza a mi autoestima amorosa, y sin que ella termine de decir cuando era el compromiso le dije 'algo' firme: 'De veras que lo siento, estoy supera ocupado, no puedo ningún día, estoy ocupado. Lo siento mucho mi querida amiga. Bonito nombre a tu chibolo, pero no puedo ser su padrino. Chaus'. Me paré y antes de el pata de la secundaria estire su mano para estrecharla con la mía, si el mismo que les conté al principio del relato, le di un palmazo en el hombro y le dije 'Chau causita, mucha suerte con su bautizo, cuidense los 2...' y salí del local.

Sentía que no era, quizás, la manera de salir de ahí, pero lo hice. Tampoco creo que fue la manera, por parte de ellos, de pedirme que les haga un favor. Por un momento llegué a creerme ese cuento del amor platónico, aquella argucia que a veces usan las mujeres para conseguir algo de alguien, saben lo que tienen y lo usan con suma audacia contra una especia que se basa principalmente en sus sentidos y en su instinto (hablo de nosotros los hombres).

Cuando salí de aquel local sanisidrino, sólo atiné a tomar un taxi y que éste me lleve a casa, llegando me di cuenta que no tenía dinero para pagar al taxista, entonces bajé en un grifo cerca a mi casa para retirar algo de dinero, con la venia del taxista; cuando de pronto sonó mi celular, tenía un mensaje de un número desconocido: 'YA PE CHATOOO, me dejaste con tu cuenta, jejeje...'. Te pones a pensar, entonces, si platón dió permiso a la gente a utilizar su nombre en este tipo de cosas, seguro a él también 'se la hicieron' -como a mi- y por eso lo llamaron así, sea cual fuera la conclusión a la que cada uno de nosotros llegue, al menos sabía que no debía aparecerme por aquel lugar un buen tiempo, al menos hasta que se olviden de mi rostro.

Quasimodo

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente historia compadre...Me dio una mezcla de llanto y risa cuando lo leí, porque esto nos pasa a todos, siempre nos quieren ver la cara y a veces lo logran y bueno pues, uno se pone triste y melancólico, pero cuando se ven las cosas en retrospectiva, no queda más que reírse.

Gil Peñaloza dijo...

Me encantó, quisiera poder expresarme como tú, simpleente no me salen las palabras para escribir, algun tip? muy buena historia aunque maña experiencia para ti, me recuerdas a mi...