miércoles, 18 de julio de 2007

Después de un tiempo...


No sé si muchos de ustedes sepan, mis queridos lectores, pero a la vez que tengo este blog, también mantengo otro de ¿poemas? llamado Mi Mesita de Noche. En dicho blog cuento pasajes de mi vida pero de otra manera, muy diferente -si vale la aclaración- a ésta. En Mi Mesita de Noche encontrarán, para quienes no lo visitaron o no se dieron cuenta aún, un post 'Para Rosa, una rosa...' y sólo basta con tener un poco de lógica para pensar que para dicho poema me inspiré en una chica llamada... Así es, le dieron en el clavo: Rosa.

De más está contarles la historia de Rosa, pues sólo basta con leer mi post 'Cuando todo TERMINA sin siquiera haber empezado' para tener siquiera una idea general de lo que sucedió, sin embargo lo que sucedió con Rosa tiene un factor agravante: le compuse un poema (... por si no se dieron cuenta y sí, ni con eso 'cayó').

Ha pasado ya mucho tiempo desde que perdí cualquier contacto con Rosa, la verdad ahora le agradezco aquel haber fungido de musa inspiradora para aquel poema que, en lo personal, me agrada y es uno al que guardo especial cariño -hablando estrictamente del poema, mas no de las circunstancias que dieron su origen. Pues bien, como les decía, hace mucho que no tenía contacto alguno, es más, no había visto a Rosa en años; no sabía como estaba -si había mejorado con los años o quizás descuidado- ni tampoco me interesaba en lo más mínimo. Sin embargo, y como suele suceder, cuando menos quieres saber de alguien te llegan noticias sobre él o ella o, lo que es peor aún, te la encuentras.

La historia comienza -sí, ya estuvo bueno de introducción al tema- un domingo de invierno no hace más de un año -de aquel entonces, hace ya 2 años que la había dejado de ver-, de esos que te preguntas a las 10 de la mañana: qué coño hago despierto y en medio de la calle? Yo me pregunto, yo me respondo: Comprando algo que meterle al estómago que está que friega desde hace rato... -ok, no digo más y sigo caminando. Estaba parado en una esquina leyendo en el diario dominical un montón de tonteras que no vienen al caso, cuando de pronto siento una presencia a mi lado derecho y es cuando escuchas esa vocesita que te dice: 'No voltees, no voltees...'. Muy obediente como lo fui desde chiquito -sobre todo esto último no he cambiado-, no hice caso a esa vocesita y decidí girar lentamente mi cabeza hacia mi derecha. Tamaña fue mi sorpresa cuando escuché otra vocesita diciendo: 'Ven amor, no vas a comprar El Comercio del domingo? de paso que buscas chamba' acompañada de una risita cachacienta.

Si supusieron que aquella otra vocesita era Rosa, pues me alegra saber que estamos sincronizados, jeje... Grande fue mi sorpresa al darme cuenta que en verdad era ella -algo dentro de mi me decía: 'nooo, ni cagando...'. Entonces no se me ocurrió mejor remedio que enderezar mi cabeza con dirección al diario que para mi mala suerte, era el último tiraje de aquel quisco -suele pasarme ese tipo de cosas- y hacerme el desentendido, conmigo no era. Mientras la 'quiosquera' descolgaba el ejemplar de su 'tendedero' de periódicos -en lugar de tender ropa, tienen periódicos, ¡esa es la creatividad peruana!- no me quedaba de otra que mirarla con una cara de 'ta mare y ahora q hago???'. Entonces ella, al darse cuenta de esto, volteó a mirarme; entonces cambié la expresión de mi cara por aquella que uno pone cuando ahuevadito, quiere hacer notar a otra persona q la conoce de algún lado. Ella puso una expresión similar.

Y entonces estábamos los 2, cara a cara. Alguien me había hecho el favor de poner en 'mute' al mundo entero por unos instantes. Sus ojos sincronizaron por un instante con los míos, no había nada q decir... El efecto del 'mute' había terminado cuando de pronto y de la manera más abrupta, todo volvió a la normalidad -estuve buscando un buen tiempo al maldito que me empujó- lo que me obligó a hablarle, aunque sea para pedirle disculpas por lo sucedido -cual piezas de dominó, estuve a un 'pelo' de empujarla-. Entonces ella, aún algo aturdida por lo sucedido, me dijo 'Ok, no te preocupes'. Entonces mi cara de ahuevadito regresó diciendo: te conozco de algún lado?. Recibiendo un tajante 'Me temo que no' por respuesta.

En ese entonces, el 'instante sublime' llegó a su fin, me quedé en el quiosquito haciéndome el loco mirando sin ver 'el bocón', esperando solamente el instante en que ella -y su 'amor'- terminen de comprar el comercio que yo estaba leyendo tan tranquilo y se vayan. Al par de segundo de dejar de 'sentir' su presencia, volvía a escuchar aquella vocesita que me decía nuevamente 'No voltees, no voltees...'. Qué les puedo decir, no me gusta quedarme con la intriga, Volteé. Era Rosa de nuevo que, ante la mira atónita de 'su amor' me decía suelta de huesos: 'ahora que recuerdo, sí te conozco, eres de la 32A que se bajaba en Salaverry, cierto?', a lo que yo asentí anonadado, y con las mismas ella se acercó de inmediato a un lado de mi rostro -cual Tyson a Hollyfield-, en ese momento retrocedí receloso, creyendo que se 'llevaría' mi oreja. Sin embargo se había acercado para decirme algo, sólo eso. Acto seguido regresó con su 'amor' y continuaron sin más su camino. Aún recuerdo el 'Nada' que ella dio como respuesta a alguna pregunta fiscalizadora de su 'amor'.

De lo sucedido en aquella oportunidad, lo que me dijo al oído siempre lo guardaré para mi como un gran detalle de su parte: 'Fue lo más bonito que alguien me hizo alguna vez, gracias'. No quiero darle interpretación alguna puesto que la frase por sí misma lo dice todo: Gracias Rosa por haber subido a ese bus aquel lunes 29 de diciembre, no tengo más que decir...

Quasimodo.

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