martes, 14 de octubre de 2008

El errante se encuentra con el Ermitaño (y vive para contarlo...)


Esta es una de aquellas noches en las que uno se echa en la cama con ganas de dormir. Sin embargo, cuando existe algo en tu cabeza que da vueltas y, por más que lo intentes, no puedes conciliar el sueño, es mejor ocuparte primero de ello si es que de veras tienes ganas de dormir.

Estaba caminando cuando de pronto, algo mágico llamó mi atención... Sin saber bien lo que era, decidí acercarme a aquel sujeto que estaba de espaldas a mi, en un lugar por donde mucha gente pasaba y nadie se detenía.

- ¿Así que llegaste? - fue lo primero que dijo, como sabiendo de mi llegada...
- ¿Cómo supo que estaba yo aquí? - pregunté temeroso e inquieto por saber la respuesta.
- Lo sé porque eres la única persona por la que estuve esperando todo este tiempo - me dijo confiado, aún sin mostrar su rostro - pasa, toma asiento... tenemos mucho de que hablar - concluyó.

Quedé sorprendido ante sus palabras y su seguridad. Vacilé un poco antes de entrar a sus aposentos - Vamos muchacho, sé que tienes varias inquietudes, varias cosas en la cabeza de las cuales podríamos discutir un poco... no te preocupes por el tiempo, tenemos todo el que estimes conveniente. Decidí entrar.

- ¿Cómo supo que yo iba a llegar? - pregunté aún receloso.
- Tarde o temprano ibas a hacerlo... para bien o para mal, me encontraste ahora... siempre estuve dispuesto a atenderte; sin embargo creo que tu no a preguntarme.

¿Que no estuve dispuesto a preguntarle? ¿a preguntarle qué?, para empezar: ¿Tenía algo que preguntarle a un tipo que no conocía y que se supone que sabía que yo iba a llegar?. A lo mejor, pensé, ese era el floro que le metía a todo aquel que pasara por ahi y se detuviera un rato, incluso a aquellos que no tuvieran la más mínima intención de quedarse a escucharlo o a hablar con él.

- Si se supone que sabe tanto ¿Por qué es que estoy aquí, delante de usted? - pregunté desafiante.
- Muchacho, esa pregunta sólo te compete a ti responderla...
- Pero... - intenté increpar, mas el Ermitaño continuó como si no se percatara que intentaba decir algo.
- Te conozco lo suficiente como para decirte que hay noches en las que no logras conciliar el sueño, que te sientes decepcionado de algunas personas al punto de darte por vencido y que aún no encuentras el coraje para enamorar a la mujer de la que creíte enamorarte... - al terminar de decir esto, dibujó en su rostro una sonrisa de autosuficiencia. ¡Carajo! realmente sentí en ese momento que me conocía.

Muy pocas personas, a lo largo de mi vida me dibujaron de cuerpo entero 'casi' a la primera. La primera fue una chica de mi edad con la que entablé algo más que una relación de 'sólo una noche', y aunque actualmente no sepa nada de ella, en aquella oportunidad realmente me sentí desnudo ante alguien. La segunda oportunidad, qué duda cabe, me está sucediendo en este preciso instante con este Ermitaño.

- Haz retomado el hábito de la lectura, no es así? - preguntó en tono amable
- Este... sí - respondí aún sin salir de mi asombro
- Me parece bien... - me dijo recién volteándose a darme la cara - sin embargo - continuó - no te percibo tan convencido de lo que haz leído... ¿Qué sucede?
- ¿Cómo que no estoy convencido de lo que he leído? no le entiendo - regunté.
- Probablemente te hayan gustado las historias que te contaron esos libros, muy buenos por cierto; sin embargo creo que no estás haciendo lo más importante...
- ¿Lo más importante? ¿A qué se refiere? - pregunté algo inquieto, lo acepto, no entendía bien su cuestionamiento hacia mis recientes lecturas...
- ¿Qué es lo queda cuando terminas de leer una fábula como las que leías en la primaria? -me preguntó tratando, ahora lo entiendo, de mostrarme el camino a la respuesta.
- La moraleja - respondí, con algo de duda... ¿Es que podía acaso haber algo más?
- Ay hijo mío! ¿Por qué tanta duda en tu respuesta? - me increpó en el tono más dulce (¿se podía increpar en tono dulce? ahora creo que si) - primer paso - continuó - es que tu mismo 'te la creas'.
- No es la primera vez que alguien te dice que tienes todo para ser exitoso, sin embargo, tu principal impedimento (como en casi todas las personas) se encuentra dentro de ti - me dijo muy tranquilo.

[continuará...]

Quasimodo.

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