Hace unos días, para ser más exactos el domingo que pasó, leí un mensaje que había dejado un amigo en una de las pocas ventanas que estaban sobre el escritorio de mi computadora; resultó siendo el último mensaje que escribía por el messenger aquella noche: 'avla, mañana hay un tono con unas amigas mías, te apuntas?'. Mi espíritu aventurero se despertó de pronto y me decía dentro de mi que no debía desaprovechar aquella oportunidad; mi otra parte me decía, sin embargo, que era lunes y al día siguiente tenía que ir a trabajar como cualquier otro día. Opté por hacerle caso, finalmente, a mi espíritu aventurero. Fue entonces cuando empieza esta historia...El lunes, entonces, recibí la llamada de un amigo el cual me propuso emprender una expedición hace un paraje en el cual nunca había estado, pero del que había escuchado ciertos comentarios de algunos viajeros conocidos míos. Había escuchado decir, por ejemplo, que muchas de las especies que andaba buscando se encontraban sueltas en plaza y en plan de cacería en dicho lugar. Había escuchado que, dicho lugar, sería el escenario perfecto para empezar una nueva aventura, sea el tipo que fuere. Decidí intentarlo entonces...
Tras aquella llamada, surgieron varias interrogantes en mi cabeza: primero quería comprobar por mi mismo si las versiones que narraban sobre la existencia de aquellas especies eran ciertas. Después de verlas con mis propios ojos, en el hipotético caso de que ser cierta la primera historia, qué tan fácil sería cazarlas? y qué actitud tomarían ellas ante la presencia de este ser 'extraño' (pues así es como yo me considero). Y la tercera, y última, pregunta que rondaba mi cabeza aquella noche: qué tan posible sería, y luego haber salvado las dos interrogantes anteriores, que aquella aventura tenga como premio la cabeza de la presa en mi 'sala de trofeos'.
Es difícil explicar como me sentí aquella noche, minutos antes de enrumbar a aquella travesía del cual desconocía su desenlace. Me senté en mi sala, esperando impaciente la llamada de quien sería mi guía aquella noche. Sonó mi celular -con aquel timbre que había preparado para la ocasión (Bones de The Killers)-, de pronto, entre un intimidante silencio escuché: 'Come with me...!!!' y supe que había llegado el momento de partir. Entonces me puse encima la indumentaria que creía la más adecuada para adecuada y salí a la carretera para encontrarme con el autor de la llamada.
A lo lejos lo pude observar, corriendo de manera presurosa, como si alguien lo estuviera correteando (quizás el servicio de serenazgo :P), pude observarlo levantar la mano y hacerme señas como quien dice: 'espérame que ya llego...'. Me detuve entonces. Cuando se acercó a mi, el guíame preguntó cómo estaba, a lo que respondí -un poco nervioso-, entonces él miró hacia el cielo y me dijo muy suelto de huesos, aunque sí un poco cansado por la corrida -tranquilo, esta noche pinta un buen augurio; aún es temprano y, sobre todo, hoy me siento con más jale que de costumbre- (en lo personal puedo decir que el tipo es bien feíto).
Nos pusimos de camino al objetivo, a paso lento pero seguros, llegamos entonces a la carretera principal cuando, en vista de lo avanzado de la noche y ya habiendo recibido varias señales que nos advertían de la presencia de nuestras 'presas', decidimos tomar un taxi, para no hacerlas esperar más de lo que ya no estaban esperando. Un momento, dije acaso 'nos estaban esperando?' , pues en efecto y para asombro mío, el guía había 'arreglado' por adelantado el encuentro lo cual, pensé, le quitaría un tanto el carácter de 'enigmático' a nuestra aventura; sin embargo, el que lo fuera o no, me importaba poco, al menos la primera de las interrogantes que me planteaba aquella noche ya se encontraba absuelta, algo manipulada pero absuelta al fin.
Llegamos al lugar donde la travesía debería empezar, un poco asustados por el retraso, pero con la esperanza de encontrar aquello por lo que estábamos viniendo. Nos adentramos en esa selva de concreto, donde las sombras gobernaban sin tregua y sólo algunas estrellas amparaban a aquellos viajeros que, como uno, deseaba cazar a su presa. Incursionamos algo temerosos entre la maleza, entre los árboles que se encontraban en el camino. Cruzamos casi todo el terreno cuando de pronto ahí estaban, se percataron de inmediato de nuestra presencia, incluso antes que yo de la de ellas (habré decidido escribir un blog sobre mis 'viajes', pero aún soy inexperto en dicho ámbito). El guía ya conocía a una de ellas, yo obviamente a ninguna. Me acerqué temeroso a ellas y sólo atiné a saludarlas y a balbucear algo así como 'mucho gusto, soy Quasimodo, Quasimodo de...', y sin terminar de decirle a la primera de ellas, ya me habían saludado las 4.
Hasta ese entonces no creía que me pasaría nada peor, mi proceso de 'arrochamiento' estaba empezando. Una vez haya saludado a todas, la última de ellas me ofreció -o al menos eso me pareció percibir- sentarme a su lado -aunque creo que, para su mala suerte, era el único lugar disponible-. No voy a negar que no podía sentirme en mejor compañía -aunque no puedo decir lo mismo por ellas-, hasta que de pronto sucedió lo que tenía que suceder, poco a poco las féminas empezaron a moverse solas, entonces empecé a aterrarme, a sudar frío y hasta a tiritar, como adivinando lo que vendría después. Las viejas historias sobre este mágico paraje contaban también, así como que era muy posible llevar a cabo un satisfactorio 'safari', jamás dijeron que se requería de mucho esfuerzo para lograrlo. Entonces ella me miró -quedé tan atónito que, sólo pude pronunciar la nefasta pregunta: bailas?-.
Lo que pasó después, pues no tiene mucho sentido contarlo, basta con decirle que el proceso de 'arrochamiento' terminó por cerrar su ciclo de la manera más nefasta que puedan imaginarse. Si antes de aquella pregunta -y que me sirve para titular esta entrada- estaba algo temeroso de lo que pudiera pasar aquella noche, pues después de ello estaba completamente seguro: Si la chica que te llame la atención sabe bailar, jamás debes decir que sí sabes, pues el ridículo está asegurado.
Vale dejar en claro que, y a pesar de lo expuesto anteriormente, fui invitado de manera muy efusiva y reiterada al cumplemenos de una de ellas, 'tan mal no lo hice' -finalmente pensé-.
Quasimodo.
1 comentario:
En mi vida me he econtrado con hombres que bailan HORRIBLE, sin embargo, con muchos de ellos me he divertido, y es que uno siente cuando la otra persona no está cómoda con algo, y tu empiezas a sentirte incómoda también, cuando esto que acabo de mencionar ha pasado, me ha parecido una situacion incomidisima, sin embargo nunca tanto como para dejar de habalrle o dejar de tratar a la persona en cuestión. cuando me ha pasado lo contrario - que a pesar de que un chico que no sabe bailar este bailando conmigo, y me hable y me de vueltitas para amenizar el baile, la he pasado super bien, porque se ve una persona segura de k sabe k no sabe bailar, pero sin embargo la pasa genial, y se divierte, eso es lo que de verdad queda. Además yo he bailado contigo! y no me vas a decir que no nos divertimos? Ay quasimodo.. toma las cosas a la ligera y divierte contigo mismo, y va a ver que todos esos questionamientos.. empiezan a desaparecer.
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